“A los cristianos LGTB la Biblia nos la han robado”, dice Carlos Osma, profesor de matemáticas español, que se define además como cristiano, protestante y gay. También afirma que “una iglesia que es machista no es cristiana”. “Es simplemente de unas personas –explica–. Y yo creo que la Biblia tiene muchas historias, que todo el mundo, no solo creyentes, no creyentes, gays, lesbianas… es que forma parte de nuestra cultura. Entonces, tiene cosas que aportar. Yo creo que todo el mundo puede leerla”. De paso por Buenos Aires para presentar su libro Solo un Jesús marica puede salvarnos (gran título que ha escandalizado a muchos) conversó con Página12 sobre lo que significa leer la Biblia en clave gay y por qué convive con una institución cuyas posturas conservadoras condenan al dolor y al ostracismo a muchas personas que se salen de la norma.

“Como a la mayoría de protestantes, la Biblia me acompaña desde antes de que empezara a leer, todas las historias de los patriarcas, del rey David, de la reina Ester o de la vida de Jesús, las conozco desde que tengo uso de razón, y desde siempre me han apasionado. Sé que el texto bíblico puede ser un lugar de opresión, y lo sé porque lo que vivido en carne propia, pero también que es una fuente de liberación… y esa es mi voluntad cuando escribo sobre la Biblia, transmitir todo aquello que me ha permitido liberarme, que me ha hecho más feliz… No entiendo la Biblia como una ley, sino como un lugar donde podemos encontrar al Dios de Jesús, del evangelio, explica en su blog (homoprotestantes.blogspot).

–Milita el tema de la identidad sexual en la religión protestante pero no tiene un rol institucional de la iglesia.

–No. Yo participo en colectivos cristianos, católicos, protestantes, ecuménico. Personalmente soy protestante y pertenezco a una iglesia de tradición histórica pero abierta al colectivo LGTB.

–¿De dónde es?

–Itinerante. Nací en el País Vasco pero me eduqué en la comunidad valenciana. Hace más de 20 años vivo en Barcelona.

–¿Su familia es religiosa?

–Sí.

–¿Fue antes creyente que gay? ¿Cómo es esa relación?

–Que yo descubriera mi identidad, sí. Yo descubrí mi identidad cuando tenía 12 o 13 años. Tampoco sabía ponerle el nombre. Hoy en día hay mucha más información. Yo no sabía qué me pasaba, sentía una atracción. Pero no tenía las herramientas para entender qué me estaba pasando. En España hay pocos protestantes. Cuando mi familia se fue a vivir a Valencia, no había nadie más protestante, solo mi familia. Allí se hacían las reuniones en casa, mi madre leía la Biblia, hablábamos. Pero hasta que no tuve 15 años no fui a una iglesia, porque allí no había.

–¿Se sentía bien en la iglesia?

–La iglesia a la que empezamos a ir cuando yo era adolescente era muy conservadora. Ahí era imposible, era una contradicción absoluta. Pero no solo era la identidad sexual una contradicción sino la manera como entendían la fe, la rigidez, el miedo a pensar, a hacerte preguntas. Todo eso me producía choques. Luego cuando fui a Barcelona, la iglesia de la que formo parte ahora ha sufrido la persecución franquista y es gente más sensibilizada a la diferencia. Entonces, aunque en principio no eran una comunidad inclusiva, poco a poco se fue abriendo. Son comunidades muy abiertas a escuchar a los demás. Ahora se casan a personas del mismo sexo, no hay ninguna diferencia.

–Estudió matemática.

–Sí, soy profesor de secundaria. También estudié ciencias religiosas. Son mis dos pasiones. Las matemáticas que me gustan mucho y la religión. Voy compaginando ambas cosas, una parte es mi trabajo tradicional y la otra es una vocación. Escribo para mi blog y varias revistas cristinas, mayoritariamente LGTB.

–¿Por qué surgió la idea del libro?

–Llevo varios años escribiendo en revistas. Fue un momento de hacer un repaso. Y dar herramientas que yo no tuve cuando era adolescente para poder vivir su orientación sexual y su fe sin problemas. La Biblia es el elemento principal, entonces tomé artículos que fueran una lectura desde un texto de la Biblia leído desde una experiencia gay.

–Leí un artículo sobre la parábola del hijo prodigo. ¿Cómo sería en ese caso la perspectiva?

–Normalmente es una lectura heteronormativa, homófoba. Diría que somos el hijo pródigo que se marcha y que tenemos que arrepentirnos, esta sería la lectura tradicional. Para mí la lectura principal de esa parábola es la actitud del padre, de salir antes de que el hijo venga, el padre sale a abrazarlo antes de que llegue a la casa. Para nosotros los homosexuales esa actitud de perdón es muy importante. Es difícil. Perdonar a todas esas personas que nos han tratado mal por mucho tiempo y que ahora vienen arrepentidas porque se dan cuenta que se han equivocado.

–Los gays en realidad son expulsados…

–Esa es la realidad. Con una mirada homófoba, tenemos que pedir perdón porque nos hemos ido. Y no, nosotros no nos hemos ido, nos han echado. Y nos han echado nuestros padres, me refiero a nuestro entorno familiar, que es la parte más dura. Entonces nuestra experiencia nada tiene que ver con la del hijo pródigo. Tiene más que ver con la del padre. Buscar ese perdón, ese intento de reconciliación, sobre todo para nosotros, cerrar heridas.

–Una mirada original.

–Hay otras personas con esta mirada. Pero muchas no están basadas en la Biblia. Yo leo teoría queer, feminista… que te enseñan cómo miramos los textos. Por ejemplo, cómo lo vería una mujer. Desde mi experiencia, cómo lo leo; no cómo lo debería leer sino cómo lo leo. Porque normalmente a los cristianos LGTB la Biblia nos la han robado. Es simplemente de unas personas. Y yo creo que la Biblia tiene muchas historias, que todo el mundo, no solo creyentes, no creyentes, gays, lesbianas… es que forma parte de nuestra cultura. Entonces tiene cosas que aportar. Yo creo que todo el mundo puede leerla.

–¿Y por qué solo un Jesús marica puede salvarnos?

–Hay un artículo dentro del libro con ese título, que va más bien dirigido al colectivo LGTB porque incluso de las personas LGTB, las personas afeminadas, las que no cumplen el rol de hombre tal o de mujer tal, son marginadas.

–¿Dentro del mismo colectivo?

–Sí, yo creo que sí. Y al final para buscar aceptación, si me comporto de manera masculina merezco más aceptación. Si soy afeminado, merezco menos aceptación. Ponerse en el lugar de esas personas es muy importante. Era una crítica a esto, que muchas personas, sobre todo las más afeminadas, trans, son las que nos abrieron paso. Era más bien una crítica dentro del colectivo pero se ha convertido todo un problema para los conservadores.

–¿Cómo fue leído el libro en la iglesia y afuera?

–En los entornos conservadores ha tenido una crítica furibunda. Porque leen literalmente y mi propuesta es todo menos literal. Para muchas personas el título es una ofensa. La palabra marica la llevo yo tatuada en mi piel y son muchas esas personas que se ofenden las que la utilizan, aunque digan que es cariñosamente… es tan cariñoso que si se utiliza al lado de Jesús ya no es tan cariñosa. Yo me he ganado el derecho de poder utilizar esta palabra y ponerla al lado de Jesús. Porque la he padecido, muchos la hemos padecido. Entonces, sé que se han ofendido, mi intención no era ofender ya que era dirigida al colectivo LGTB… Pero en general estoy muy contento. El otro día hablaba con una chica trans y me decía “Carlos, es que nunca me había atrevido a leer la Biblia así”. Hay un texto en el que digo que en la cruz muere mi heterosexualidad impostada y resucita quienes somos. Ella dijo: para mí eso tiene sentido pero cuando leí eso, lloré. Porque tiene que ver con lo que yo soy, con mi identidad, cuando nací me decían que era un hombre y ahora soy una mujer. Entonces lo positivo es que la gente pueda leer desde su mirada. Porque nos han robado la Biblia. Es mi invitación.

–¿Y en la escuela como lo recibieron?

–Muy bien. Siempre en una clase tienes a alguien homosexual o chicas lesbianas. Sobre todo es una edad muy complicada porque es cuando se descubre. Ahora en España se ha avanzado mucho pero para que las personas puedan aceptarse a los 18 cuando van la Universidad. Pero en los entornos educativos son muy homófobos. Entonces que estés delante de ellos. Ellos saben que yo soy gay…

–¿Se lo dice?

–Yo hablo normalmente. Cuando voy a hacer un problema de matemáticas, por ejemplo, tomo el libro y les digo para trabajar la comprensión lectora: “lean los problemas, subrayad qué hacen las mujeres en estos problemas y qué hacen los hombres…”

–Siempre son planteos machistas ¿no?

–Sí. Por ejemplo. Entonces se los hago reescribir. Y luego les digo: “ahora rehacerlo para que se inclusivo con tal”… musulmanes, por ejemplo, y ahí también incluyo la diversidad sexual.

–Buen tip para incorporar la perspectiva de género a las matemáticas.

–Y trabajas más cosas. Ayudas a muchos niños que están pasando por circunstancias… y luego a los otros para que entiendan que si alguna vez tienen algún comportamiento machista, homófobo, que sepan que no está bien, que no es correcto.

–¿También trabaja desde el lenguaje?

–A mí una de las cosas que más me ha costado es que escribo dirigiéndome como si mi lector fuera una persona gay. Eso lo aprendí porque cuando iba a la iglesia siempre hablaban en masculino, para hombres. Y las mujeres tienen esta capacidad maravillosa de saber que las están refiriendo. Esto también lo hago con mis alumnos, les hablo en femenino a veces y ellos se enfadan, entonces les digo “bueno pero esto pasa al revés”. Pero el libro es una invitación a que un heterosexual haga el ejercicio que siempre hemos hecho de traducir a nuestra experiencia la suya.

–¿Cómo sería?

–Por ejemplo cuando hablo de mi experiencia de la adolescencia, que es de una experiencia gay. Pero si solo ves ahí una experiencia gay, no vas a empatizar nunca con la mía. Yo intento que pueda conectar con una experiencia de otra persona que tiene que ver con otra cosa. Porque en realidad muchas exclusiones están relacionadas.

–Hay un sector dentro de las iglesias evangélicas muy conservador que, por ejemplo en Brasil, está en contra de los derechos sexuales y reproductivos y de la diversidad. ¿Cuál es su lectura?

–Está relacionado con algo que ocurre en muchos lugares del mundo, no solo en la relación sino afuera. Es el miedo. Estamos en continuos cambios muy fuertes, la sociedad cambia a marcha forzada. Hay más voces. Entonces, a algunas personas les dan miedo estos cambios y se ponen a la defensiva, quieren formas rígidas, que siempre sea así, que no hay cambios, que no haya dudas. Lamentablemente dentro del movimiento cristiano es muy grande. En nuestro país ha surgido VOX, por ejemplo, y eso no tiene nada que ver con la religión. Mucha gente quiere una cosa segura, quiere un mundo que no es este y están dispuestos a defenderlo a toda costa. Lo que pasa es que desde el punto de vista religioso me sorprende mucho porque el cristianismo de Jesús no tiene que ver con unas normas detalladas. Tiene que ver con seres humanos, con escucharles, con estar cerca de las personas, con entender. Las formas rígidas para mí no son cristianismo, son otras cosas. Viene de afuera, es un movimiento que no es exclusivamente cristiano, viene de otro lado, está ocurriendo en la sociedad.

–Pero estos sectores están aliados con el poder y metidos en el Estado…

–Sí. Otra cosa que me hace pensar que no son movimientos cristianos. Es que el cristianismo propone, no impone. Tú no puedes obligar a las personas a creer, a ser cristiana. Entonces, todos estos movimientos que se alían con los gobiernos y piden… porque una cosa es que pidieron libertades para todos, pero lo que piden es restringir las libertades para que solo existan las que ellos consideran. Esto es lo más alejado del cristianismo. Yo creo que una persona para ser cristiana, católica, judía, atea, tiene que tener posibilidad de escoger, y lo es en cuanto escogen, no cuando le imponen una manera. En España hay mucha alarma con lo de VOX. Pero estos grupos ya existían, antes lo hacían a escondidas ahora a cara descubierta pero ya existían.

–¿Cuál es la relación del colectivo LGTB con las iglesias?

–En España, por ejemplo, cuando se iba a aprobar el matrimonio gay, hicieron una manifestación en Madrid, que estaba organizada por la Iglesia Católica, los evangélicos, ortodoxos… o sea la única actividad ecuménica en el sentido de instituciones religiosas se realizó en mi país en contra del matrimonio homosexual. No por la ayuda de los refugiados, por la gente que muere en el Mediterráneo… en contra del matrimonio homosexual. Alejado completamente del Evangelio.

–¿Usted nunca se alejó por estos motivos?

–No. Yo tengo fe. Otra cosa es que hay veces que me siento más alejado o menos. Aceptar mi homosexualidad fue un enfrentamiento con Dios. Al principio pensaba que me rechazaba… yo quiero tener una relación sincera, no de estructuras y de normas.

–Lo pregunto porque entrevisté varias veces a la religiosa brasileña Ivone Gebara, que fue “castigada” de la Iglesia Católica por expresarse por el aborto, y ella sigue en esa Iglesia que tiene tantas prácticas discriminatorias hacia las mujeres y al colectivo LGTB. Siempre me pareció muy fuerte que siguiera quedándose…

–Yo soy muy crítico. Yo denuncio la homofobia de la iglesia y de la mía también. Yo veo mi fe como cristiano protestante y eso me da sentido, plenitud y muchas cosas positivas. Pero no voy a justificar lo injustificable porque me parece la peor manera de colaborar con tu iglesia y con tu fe. Yo creo que hay que denunciar. Creo que una iglesia no es cristiana hasta que no acepte a todos. Una iglesia que es machista no es cristiana. Una iglesia que es homófoba no es cristiana, al menos completamente.