Raíces de Amargura

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    Hebreos 12:15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de AMARGURA, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.

    La amargura es el fruto de la raíz que crece bajo la superficie, en lo profundo del suelo de nuestros corazones y tiene sabor amargo, que no es dulce, sino ácido y actúa como un veneno contaminante que arrasa con los valores más sublimes como la empatía y el amor.

    Se alimenta de pensamientos negativos y vengativos sin dar paso al perdón que conduce al odio como raíz de toda  enfermedad espiritual.

    Pero la advertencia en la palabra es clara «que la raíz de amargura brotará algún día y cuando lo haga, «muchos serán contaminados.» En otras palabras, si esa raíz de amargura sigue creciendo habrá una cosecha de dolor para ti y para las personas a tu alrededor.

    La amargura  no viene sola casi siempre viene acompañada

    Efesios 4:31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia,  y toda malicia.

    El enojo conduce a la ira y los gritos a maldecir puesto que cuando la amargura empieza a echar raíces en el corazón tenga la certeza de que  un conjunto de emociones brotarán y contaminarán a muchos, empezando por nuestra familia.

    La amargura nos conducirá a una cascada de emociones muy intensas tales como el desaliento y la tristeza,  los  celos,   la competencia,  las  falsas acusaciones,   las exigencias,   los reclamos,  las malas compañías.

    Si esto no se controla eventualmente vamos a tener el deseo de causar daño a la persona objeto de nuestra amargura y durante este largo camino, la gente resultara  herida, dañaremos las relaciones con otros,  y  como resultado no habrá fruto del espíritu, perderemos la paz, el  gozo y el descanso.

    ¿Cómo podemos detectar raíces de amargura?

    Pensamientos repetitivos y obsesivos

    ¿Te encuentras a ti mismo  constantemente repitiendo la conversación que tuviste con alguien?  al interactuar con ella, ¿te pasas el día recordando cada palabra que te ofendió o recordando las expresiones de dicha persona?  esto es una señal de alerta de que algo está sucediendo en tu corazón ;  si tienes siempre vivos los recuerdos de aquello que te causó  daños, detalles, tales como: nombres, palabras, cosas, y situaciones que fueron dichas y  hechas.

    Finalmente la raíz de amargura se transforma en un registro detallado de todo.

    ¿Está tu  boca fuera de control?

    Romanos 3:14 dice: «llena está su boca de maldición y amargura.»

    Hay una conexión entre la basura que sale de nuestra boca y la amargura que tiende a echar raíces en nuestros corazones.

    ¿Te encuentras a menudo perdiendo la calma, criticando  otros y respondiendo  de manera  grosera?

    Recordemos el versículo que nos  dice “que de la abundancia del corazón habla la boca” por lo tanto lo que sale de nuestra boca es  simplemente una extensión de la amargura que hemos permitido que crezca en nuestro  corazón.

    Decepción

    Sentir que alguien o algo nos desea el mal y que por esa razón no podremos salir adelante nos generara una profunda amargura que empaña nuestro día a día y nos volverá extremadamente susceptibles  a los problemas.

    Las personas con raíz de amargura se aíslan de todos, se aíslan porque sienten temor a que se les hiera nuevamente o mucho más de lo que ya están.

    Si magnificamos cualquier obstáculo y nos sentimos abandonados  y  faltos  de apreciación, terminaremos creyendo  que “ya nada tiene sentido”.

    La amargura trae consigo consecuencias físicas, mentales psicológicas y espirituales, las físicas se manifiestan en cualquier parte del cuerpo en un desequilibrio químico provocando diversas enfermedades.

    Tanto lo emocional  como lo espiritual tienen consecuencias  que dañan nuestro organismo.

    El problema se encuentra en la raíz porque una mente y  un espíritu enfermo  no avanza, se estanca y le es imposible conectar con  Dios.

    La solución:  Arrancar de raíz

    La palabra nos dice claramente  que nos acerquemos confiadamente al  trono de la gracia, para recibir gracia para  el oportuno socorro.

    Primero habrá que reconocer nuestra condición de amargura, para poder acercarnos a Cristo, una vez que hayamos reconocido nuestra enfermedad espiritual  y nos hayamos arrepentido podremos buscar la gracia todo suficiente  para sanar todo resentimiento y dolor oculto en nuestra alma y en nuestra mente.

    Si nos acercamos al Señor con un corazón sincero Él nos perdonará y nos sanará;

    Porque  Salmos 103:3 dice claramente  que “ El  quien perdona todas tus iniquidades,
    El QUE SANA TODAS TUS DOLENCIAS.”

     

     

     

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