“La vida, la Navidad, las pérdidas y las ganancias”

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Desde que nacemos, todo se trata de ganancias y pérdidas, de pérdidas y ganancias. Bueno, al menos en cuanto a nuestras habilidades y capacidades físicas e intelectuales.
Por un buen tiempo, los seres humanos somos de lo mas inútiles y dependientes. ¡Hasta la comida nos tienen que llevar a la boca! porque somos incapaces de arrastrarnos a las glándulas mamarias, y pelear por lo nuestro. ¡Y que decir de los pollitos, por ejemplo, que casi desde que salen del cascarón ¡Ya están pepenando lo que pueden, y de dónde pueden!
Lo interesante del homo sapiens es que, desde que comenzamos a respirar ¡comienzan las ganancias! Poco a poco nos vamos desprendiendo de los brazos, para movernos y expresarnos. ¡Ya pedimos, y a veces hasta exigimos!
En términos generales, pasa un buen tiempo, para hacer a un lado la dependencia. Claro que por diversos motivos ¡hay algunas excepciones!
Hasta ese momento ¡todo ha sido ganar, ganar, ganar y seguir ganando!
¡Qué maravilla! Tomamos nuestras propias decisiones, más o menos hacemos lo que queremos ¡y somos adultos jóvenes plenos y capaces!
Aquí, quiero hacer un breve y fuerte paréntesis, para hacer un reconocimiento público a uno de los mejores seres humanos que he conocido: JOSÉ DE JESÚS CABRERA MOLINA, PEPE
Lo conocí cuando teníamos tres años, caminaba con mucha dificultad a causa de una enfermedad degenerativa neuromotora ¡y nunca se detuvo!
Cuando los demás éramos adultos jóvenes plenos y capaces, él ya estaba en la antesala de una silla de ruedas eléctrica, que lo acompañó hasta que nos abandonó casi a los 63 años de edad.
Se recibió como Ingeniero, hizo una Maestría con Mención Honorífica, Y todavía se dio el tiempo para hacer un Doctorado en Inglaterra.
Se casó con la mejor de las mujeres (LAURA), conoció el amor a profundidad, y procreó dos maravillosos hijos: Uno de ellos Arquitecto, y el otro Ingeniero en Computación.
Y aquí es donde confluye esta historia, con la que casi todos vivimos desde que nacemos.
Nos quedamos en que “todo se había tratado de ganancias, hasta que llegamos a la etapa de adultos jóvenes plenos y capaces”.
Casi nadie sabe, o no se da cuenta, no se quiere dar cuenta ¡y ni siquiera quiere pensar, cuando y cómo comienzan las pérdidas.
Independientemente de las canas, las arrugas ¡y todo lo demás! empezamos a vivir con una bola de limitaciones, en donde el común denominador es el cansancio. Cansancio para desplazarnos, subir, bajar, levantarnos, etc etc etc etc etc.
¡Y llega la Navidad!
En el peor de los casos ¡hacemos regalos materiales!
En el mejor de los casos, hacemos o acompañamos a los anteriores, con deseos tales como: PAZ, AMOR, COMPRENSIÓN, ARMONÍA ¡y todo los demás!
Por lo general no se nos ocurre regalar el mejor consejo que se me viene a la mente. Algo que aprendí de mi querido amigo PEPE, quién fue feliz, a pesar de estar atado a una silla de ruedas eléctrica: ¡ACTITUD!
Sin más rodeos, concluyo parafraseando un pensamiento que se me ocurrió escribirle a un muy querido amigo, quién me llenó de extraordinarios deseos:
“Creo que el que recibamos todos esos regalos que dices, es más cuestión de ¡ACTITUD!
Con el tiempo se va perdiendo la SALUD, pero debemos ser cuidadosos de que el ánimo no nos abandone.
¡Y ese es mi principal deseo para tí y los tuyos!
¡LLEVA LA ACTITUD SIEMPRE CONTIGO!

¡FELIZ NAVIDAD!