El pequeño pueblo siberiano de Belostok ha celebrado la terminación de las obras de restauración de la iglesia católica dedicada a San Antonio de Padua, que había sido quemada por un incendio en 2018. Las obras finalizaron el 12 de junio, coincidiendo con la fiesta patria de Rusia. El acontecimiento es visto como un signo de esperanza, no sólo por los católicos, sino también por todos los lugareños, según informa el sitio web Sibir.Realii.

Las raíces católicas de Belostok son el sello de su identidad histórica: un grupo de polacos fundó la pequeña ciudad en 1898, tras la llegada a este territorio de la región de Tomsk. El fuego parecía haber arrebatado para siempre el lugar que enarbolaba la identidad común de los fieles. Sin embargo, en muy poco tiempo consiguieron reunir una suma impensable en estas latitudes: casi 100.000 euros.

Durante los años de la represión estalinista, el 90% de los hombres de Belostok fueron exterminados; hoy quedan alrededor de doscientos habitantes. La fe católica se ha conservado en el corazón de unos pocos ancianos, pero tras el fin del régimen comunista y con las crisis económicas de los últimos años, el pueblo parecía destinado a la extinción. La restauración de la iglesia infunde la esperanza de una nueva vida para toda la comunidad local.

Muchos pueblos de Siberia han tenido una historia similar. Los grupos de diversos orígenes étnicos y las familias de los deportados lucharon para conseguir cierta independencia en las difíciles condiciones de vida de la región. La pequeña iglesia de Belostok fue consagrada en 1908. Pocos años más tarde, en 1913,  otros polacos hicieron lo mismo en el cercano pueblo de Maličevka, donde construyeron una pequeña iglesia católica latina. Fue así que se formó una parroquia que incluía los asentamientos de Belostok, Polozovo, Voznesenka, Malinovka, Maličevka y una serie de granjas remotas habitadas por polacos y letones. Los sacerdotes venían de Tomsk y la parroquia congregaba alrededor de mil habitantes, una pequeñísima parte de los 60.000 polacos diseminados por toda Siberia.

A diferencia de otros lugares de deportación de polacos, tanto en la época del Zar como después de la revolución bolchevique los habitantes de estos pueblos nunca se distinguieron por las protestas o revueltas. Sin embargo, la persecución estalinista también llegó a estos sitios remotos. En 1931, las autoridades soviéticas detuvieron al último sacerdote, el padre Julian Gronskij, quien posteriormente fue condenado a 10 años de cárcel. En 1938, algunos activistas del Partido Comunista devastaron la iglesia, que luego fue utilizada como depósito y “casa de la cultura” bolchevique. En 1938 el NKVD (la futura KGB) desplegó la “operación polaca” que culminó con la condena de 40.000 polacos siberianos a los lagers, los campos de trabajo forzado.

En 1990 el territorio asistió a un primer renacimiento, con la restitución del edificio de culto. Tras su restauración, el obispo de Novosibirsk, Josif Werth, volvió a consagrar la iglesia en 1998. En 2003, la comunidad de Belostok también inauguró un complejo conmemorativo en honor a las víctimas locales del estalinismo y la guerra.

En 2018 un banal cortocircuito provocó un incendio que redujo a cenizas la pequeña iglesia. Pero los feligreses no se desanimaron. Junto con el párroco, el padre Krzysztof, lanzaron la campaña #SibirskijBelostokVoskresenie (la “Resurrección de Belostok en Siberia”) en las redes sociales. Llegaron ofrendas provenientes de Polonia, Rusia, Inglaterra, Alemania y otros países: en menos de dos años se alcanzó la suma necesaria. El resto lo hicieron los habitantes del pueblo: trabajaron gratis en la reconstrucción, pese a que la mayoría de ellos ya no profesan la fe católica.

La ceremonia del 12 de junio contó con la presencia del cónsul general de Polonia, Krzysztof Sviderek, quien trajo de regalo una reproducción de la Virgen Negra de Czestochowa, patrona de Polonia y Belostok.