Las cruzadas evangelísticas marcaron a toda una generación de evangélicos en América Latina, y ya sea que consideremos que eran válidas bíblicamente o no, es imposible negar su impacto en el crecimiento de la iglesia latinoamericana. De hecho, es probable que el primer acercamiento del lector a una iglesia evangélica se haya dado gracias a una de estas cruzadas.

Hoy en día ya no es tan común ver eventos al aire libre, evangelismo puerta a puerta, entrega de tratados, música de adoración en vivo, predicaciones evangelísticas, llamados al altar y seguimiento a quienes hicieron la oración de fe. El evangelismo que transformó el panorama evangélico latinoamericano es muy diferente hoy. ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado?

Comprendiendo términos

Antes de responder a esa pregunta, es importante que definamos claramente los términos. Es común que en nuestra mente estén un poco mezclados términos como misiónmisiones y evangelismo. De hecho, hicimos esta pregunta en nuestro canal de YouTube mientras preparábamos este material: “¿Los términos misiónmisiones y evangelismo son sinónimos que apuntan todos a la Gran Comisión?”

Lo interesante es que la gran mayoría de nuestros seguidores piensan que son sinónimos. Sin embargo, un sinónimo hace referencia a palabras o expresiones que tienen significados iguales, por lo cual la mayoría de los que respondieron esta pregunta quizá tengan que replantear su respuesta. Hagamos una diferenciación sencilla de cada uno de estos términos:

Misión

Podemos pensar en la misión como el proyecto más grande de Dios para la humanidad, el cual es que personas de cada tribu, lengua y nación le conozcan y que vivan con y para Él por la eternidad. Si entendemos esto, comprenderemos que no existe un mayor proyecto en el universo que este.

“Una manera muy básica en la que se ha definido a lo largo de los años es que la misión es el plan de redención de Dios de reconciliar consigo mismo a todas las cosas a través de Cristo”, afirma David Puerto, líder del área ministerial de movilización para América Latina de TEAM (The Evangelical Alliance Mission).

Misiones

Las misiones, por su parte, son la forma en la que nos incorporamos o nos unimos a ese plan universal de Dios. No somos quienes desarrollamos el plan, no lo dirigimos, ni mucho menos lo vamos a culminar; simplemente hacemos un aporte infinitamente pequeño pero importante, frente al colosal plan que Dios ha ordenado desde la eternidad, que empezó en la cruz y que culminará el día del regreso de nuestro salvador. Así, nos unimos a millones de hermanos a través de la historia, de hoy y del futuro, que en todo el mundo han predicado, predican y predicarán el evangelio a través de las misiones.

Las misiones son el trabajo de la iglesia local de unirse a la misión de Dios. Nosotros como iglesia no somos los salvadores del mundo, el Salvador es Cristo. Pero nuestro trabajo es compartir esta noticia, este plan de redención a todos los pueblos de la tierra”, afirma Puerto.

Evangelismo

“Nosotros usamos esta palabra para identificar la acción de evangelizar. Y esto es compartir el mensaje de las buenas nuevas de Jesucristo en nuestro propio contexto cultural o con personas de otros contextos culturales. Es importante comprender la diferencia entre cada una de estas palabras, pero también comprender cómo interaccionan cuando estamos evangelizando, haciendo misiones. Cuando hacemos misiones estamos participando en la misión de Dios”, dijo al respecto David Puerto.

Habiendo hecho esta sencilla diferenciación, podemos estar de acuerdo en que tanto la misiónlas misiones y el evangelismo son parte fundamental de la identidad de la iglesia. Sin embargo, las formas en las que la iglesia ha hecho evangelismo no han sido las mismas a través de la historia.

Desde los tiempos de los apóstoles, la iglesia siempre ha vivido en misión. En ciertas épocas pareciera como si se hubiera quedado quieta, y en otras como si hubiera avanzado mucho más activamente. No obstante, el hecho de que una pequeña comunidad que nació en Judea hace más de dos milenios se haya extendido por todos los países del mundo es algo que demuestra el carácter del cristianismo: un pueblo en permanente movilización.

Predicación al aire libre

Ahora, ya que hemos entendido un poco más sobre estos términos fundamentales, podemos revisar con más claridad el tema del evangelismo al aire libre como un paradigma de lo que significa evangelizar.

En el siglo XVII nació el movimiento evangélico o el “evangelicalismo”. Cuando George Withefield sacó por primera vez el culto tradicional de la iglesia oficial y empezó a predicar “al aire libre”, se marcó un antes y un después en la historia del evangelismo; empezaba el Primer Gran Despertar. Ya no era necesaria una congregación para poder llevar el mensaje de salvación a los pecadores, sino que se podía montar una plataforma para predicar en cualquier parte. Una buena síntesis de esta época es la famosa frase de John Wesley: “el mundo es mi parroquia”.

Tanto en Inglaterra, como en las colonias de Norteamérica, la predicación itinerante y al aire libre se volvió la regla del evangelismo. Especialmente en los Estados Unidos, los metodistas y los bautistas impulsaron el evangelismo hasta los límites del país. Esto desembocaría en el Segundo Gran Despertar, el cual aumentó la popularidad de este método. Cada vez más se popularizaron los llamados al altar, la música en las campañas evangelísticas y la asociación con las iglesias locales para acoger a los nuevos convertidos.

Generación tras generación de predicadores “al aire libre” abrazaron esta perspectiva del evangelismo. Luego vimos a D. L. Moody, las decenas de famosos predicadores del avivamiento de dones espirituales, Billy Sunday, Billy Graham y muchos más.

Ese modelo de grandes campañas evangelísticas llegó a Latinoamérica y probablemente haya influido de forma importante en el crecimiento del evangelicalismo en nuestra región. Evangelistas como Yiye Ávila o Luis Palau fueron muy reconocidos por emplear estas técnicas. Se trataba de un método realmente práctico ya que en muy poco tiempo se podía llegar a un gran número de personas de forma muy efectiva. Los eventos se empezaron a hacer intencionalmente atractivos y producían resultados bastante predecibles.

Los jóvenes y el evangelismo

Desde el cambio de siglo hubo una transformación evidente en todo el mundo: las nuevas tecnologías parecen estar cambiando la forma en la que evangelizamos. ¿Las campañas evangelísticas en lugares públicos, repartir tratados o evangelizar puerta a puerta, son cosas del pasado? Nos encontramos frente al encuentro de dos métodos de evangelismo: el del aire libre usado por siglos, y el de una sociedad conectada por la tecnología. Este choque genera duda en muchos creyentes sobre lo que significa hacer un evangelismo bíblico.

“Tenemos que entender dos cosas: Ha habido una revolución tecnológica. Las últimas décadas, desde los ochenta hasta hoy, todo el desarrollo se ha incrementado en los medios de comunicación, y en las redes sociales. Y estos son medios que se pueden usar para compartir el mensaje del evangelio. No puedo decir que algunas cosas han caducado, pero sí podemos usar nuevos métodos, nuevas formas de compartir el evangelio. Entonces tenemos que entender que el evangelismo hoy se hace diferente en comparación a como hacíamos evangelismo hace cuatro o cinco décadas”, afirma David Puerto.

El resultado de esta confusión es que muchas iglesias se han separado radicalmente del ejercicio evangelístico. Parece que la única manera de atraer a nuevas personas a una iglesia es captándolos de otras iglesias evangélicas, ya sea con un estilo más agradable que encaje con la sociedad de consumo o con la promesa de predicar con bases más bíblicas. Parece que el movimiento evangélico latino dejó de ampliar sus límites entre los no creyentes y, en la mayoría de los casos, el crecimiento numérico sólo está conectado con una movilización interna.

Diferentes estudios muestran que el evangelismo ha perdido relevancia y significado entre los creyentes de hoy. De acuerdo con un estudio de Barna, la percepción general sobre el evangelismo y cómo hacer misiones globales ha sufrido una transformación importante, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Un reciente estudio titulado Translating the Great Commission[1] de Barna, mostró que solamente el 17% de las personas que asisten a una iglesia norteamericana han escuchado de la Gran Comisión y conocen qué significa el término. El otro 83% no lo ha oído, no están seguros si lo ha oído, o lo han oído pero no recuerdan su significado exacto.

Otras investigaciones de Barna del 2018 demuestran que la edad hace una diferencia significativa en el reconocimiento de la Gran Comisión. Más de una cuarta parte de los ancianos[2] (29%) y los boomers[3] (26%) dijeron que conocían el término, en comparación con el 17% de la generación X[4] y uno de cada 10 millennials[5] (10%). Aunque ni la mitad de ningún grupo de edad conocía bien la Gran Comisión, era menos probable que la generación adulta más joven la reconociera.

Una hipótesis plausible es que la nueva generación de creyentes, con un acceso ilimitado a la educación, la información y la comunicación, resulta ser mucho más difícil de desafiar y discipular que las generaciones anteriores. De hecho, los métodos que se usaron para atraer a la generación anterior al servicio y al evangelismo en la iglesia, parecen demostrarse inefectivos con los más jóvenes.

Por otro lado, un sobre énfasis y la casi sacralización de los medios digitales como las únicas plataformas mediante las cuales podemos esparcir el mensaje del evangelio, pueden condicionar también la forma en la que la iglesia se acerca a la Gran Comisión.

“Hay una gran falta de entendimiento sobre la Gran Comisión entre los más jóvenes, aunque pensemos que en un mundo globalizado e hiper-informado, sería lo contrario. El problema está en que la calidad y el enfoque de la información que estamos recibiendo no es un enfoque centrado en la Gran Comisión desde la perspectiva bíblica. Esto es ir a las personas de todas las naciones y predicar el evangelio. Todavía vivimos en un mundo donde más de dos billones de personas no tienen acceso a Internet. Más de dos tercios de la población del mundo funcionan como comunicadores orales, lo que no quiere decir que no sepan leer ni escribir, sino que se comunican principalmente de forma oral. Esto significa que son personas que no van a leer un libro, que no van a ver Instagram. La población que menos ha conocido de Cristo son los que menos están conectados por medios globales. Más aún, muchos de ellos están bajo regímenes gubernamentales que no permiten un acceso fácil al evangelio y tienen bloqueos a medios masivos que podrían ser formas útiles de presentar el evangelio”, dijo Jeanine Martínez, misionera transcultural.

La cultura del yo

La iglesia también está padeciendo de lo que parece ser la influencia de un carácter excesivamente antropocéntrico de la fe. Muchas organizaciones e iglesias han sucumbido ante esta tendencia y les ofrecen a los más jóvenes mensajes con un lenguaje que enfatiza la comodidad, la autosatisfacción y las sensaciones religiosas. El motor que ha impulsado a la iglesia a lo largo de los siglos a hacer misiones, es el mismo que debería impulsar a la iglesia hoy, teniendo un enfoque en la gloria de Dios, cristocéntrico en la misión y sin dobles lecturas. Sin embargo, muchas iglesias tienen agendas muy terrenales.

“Yo creo que la frase de ‘predica el evangelio, muere y sé olvidado’ es una frase para todo creyente. Considero que los medios sociales en los que vivimos hoy, en el mundo de celebridades actual, el lema de nuestra generación se ha vuelto: ‘tienes que ser relevante, tienes que cumplir con tu propósito, y se centra mucho en el yo’… Y al final, el mensaje que Cristo encarnó fue un mensaje de ‘Yo muero por ti, yo te salvo a ti, yo entrego mi vida por ti’. Entonces, este es un mensaje de que Dios nos salva para Su Gloria, es un mensaje de sacrificio por los demás, ese ejemplo que nos dejó Cristo es el ejemplo que debemos seguir con el entendimiento de que no somos Dios. Más bien, es nuestro nombre el que tiene que ser olvidado, para que el nombre de Cristo pueda ser glorificado en las naciones. Entonces, si las personas recuerdan el nombre del misionero, y este es más relevante o se encuentra por encima del nombre de Cristo, ahí tenemos un problema”, afirmó Jeanine Martínez.

Vale la pena decir que, en nuestro contexto actual, para lograr un evangelismo es importante buscar primero una relación sana y honesta con el Señor. En términos prácticos, es fundamental comenzar por un involucramiento en la iglesia local y en la iglesia universal, cuyo único propósito es, como dijimos inicialmente, impulsar la misión de Dios en el mundo.

Vivimos en una cultura que lleva a las personas a estar demasiado centradas en sí mismas, y esta ha dado a luz una iglesia que ha fabricado un mensaje que se ajusta a la cultura y está desconectada de la misión de Dios. Hay una profunda ignorancia en relación con los pueblos no alcanzados, la falta de traducción bíblica, la iglesia perseguida y las zonas potenciales para las misiones, lo que termina en una falta de compromiso por parte de muchas iglesias.

¿Qué será del evangelismo?

Es probable que las grandes campañas evangelísticas al aire libre, la entrega de tratados, la evangelización puerta a puerta y los llamados a conversión se sigan desvaneciendo en nuestra cultura evangélica. Entonces, ¿de qué formas el Señor seguirá movilizando a su iglesia para cumplir con la Gran Comisión?

“Un desafío que tenemos como iglesia es fomentar relaciones profundas con los inconversos, con personas no creyentes, el desafío de mostrarnos amigos y que en esas relaciones de amistad nosotros podamos compartir el mensaje de las Buenas Nuevas del Señor Jesucristo. Creo que la confianza es nuestra principal herramienta para compartir las buenas nuevas del Señor”, afirma David Puerto.

Es importante volver a pensar nuestra cosmovisión sobre el evangelismo y observar lo que ha hecho la iglesia a través de la historia, más allá de los métodos del evangelicalismo de los últimos siglos. Debemos volver a los primeros siglos y observar cómo la iglesia primitiva, los apóstoles y creyentes en Roma predicaron el evangelio. Quizá el evangelio que es legado generacionalmente, el servicio encarnado a través de la ayuda a los demás y las relaciones honestas y profundas.

“El evangelio, desde una perspectiva bíblica, es algo personal. Hay un aspecto humano, de un humano comunicando a otro humano el evangelio. Esto no puede ser sustituido por medios electrónicos. Así que por naturaleza, por diseño de Dios, hay una encarnación que debe darse de ese evangelio. Lo vimos en Cristo y eso se extiende a la naturaleza de la Gran Comisión. Pero los jóvenes de hoy en día, al vivir en un mundo globalizado, perciben que esto ya no es necesario, porque no se predica desde el púlpito, porque no se conocen las estadísticas con una perspectiva sobria, no se sabe cuál es la realidad”, afirma Jeanine Martínez.

“Aunque sí hay más acceso, la población que tiene acceso a un evangelio ya vivido, estas son las mismas personas que ya tienen acceso a los medios electrónicos. Pero también hay una gran población que no tiene acceso a esto y que tampoco van a entender el evangelio si alguien, como le dijo el etíope a Felipe, no se lo explica. No se trata solo de dar la información, sino de dar esa explicación. Para que esa información sea extendida, para que ese evangelio sea encarnado, estamos llamados a encarnar el mensaje para otros. Es un mensaje que no se sustituye con los medios digitales que tenemos”, continúa Martínez.

“Por más global que se hagan el internet y las comunicaciones, hay un aspecto personal, de las personas ministrando a personas, de pecador redimido predicando el evangelio a otro pecador, que es irremplazable en el modelo bíblico. Y creo que esa es una de las razones por la cual nuestra generación, al ver todas estas plataformas, entiende que esos medios son realmente efectivos. De hecho, son una gran bendición y un gran medio para esparcir el evangelio, pero no son un sustituto para el modelo de evangelización al que Cristo nos manda en la Gran Comisión”, finaliza Jeanine Martínez.

No obstante, debemos seguir confiando en que el Señor continúa guiando a su iglesia hacia el cumplimiento de sus propósitos y, aunque tengamos que vivir en la tensión de tener más mies que obreros, seguimos confiando en que el Señor completará la obra que inició en este mundo a través de su iglesia. Mientras tanto, debemos involucrarnos activa y apasionadamente en la misión de Dios y guiar a otros a hacer lo mismo.


[1] En español Traduciendo la Gran Comisión.

[2] Personas que nacieron antes de 1946.

[3] Personas que nacieron entre 1946 y 1964.

[4] Personas que nacieron entre 1965 y 1981.

[5] Personas que nacieron entre 1980 y 2000.