Todo lo que no nos mata nos hace más fuertes

Alicia, Pedro y sus dos pequeños niños tuvieron que evacuar su casa a las 4.00 de la madrugada. El humo de los fuegos había cubierto el cielo y les dificultaba la respiración. Llevaron con ellos a su perrito y unos cuantos objetos de valor. Entre incertidumbre, llantos y miedo salieron inmediatamente y sin pensar demasiado en todo lo que dejaban; simplemente sabían que tenían que dejar la casa si querían vivir.

Dorita, lloraba amargamente ya que su boda era esa semana y por la intensidad de los fuegos que llenaban la ciudad tuvo que posponer el casamiento.

Salvador y Janina debieron evacuar su departamento a los dos días de haberse mudado allí. Janina está a un mes de dar a luz a su primer hijo. Habían ahorrado varios años para poder comprar un departamento propio. La angustia y la tensión que experimentó Janina le causaron fuertes dolores. No sabe si su departamento se ha quemado, no sabe dónde está su doctor y su clínica ha sido evacuada.

Yolanda, una mujer de casi 82 años, tuvo que evacuar su casa donde ha vivido por más de cinco décadas. Como no maneja y está en una silla de ruedas, necesitó de la ayuda de algún voluntario que se apiadara y la auxiliara.

Cuando surgen situaciones como estas, los familiares y amigos que no están viviendo estas circunstancias pueden agrandar o minimizar la situación. Pueden mostrarse muy comprensivos y preocupados o pueden comportarse de modo insensible, no comprendiendo la magnitud del problema.

No nos podemos proteger del dolor, tampoco nos podemos poner un antifaz y ocultar que estamos viviendo una época de crisis. A veces, son estas tristes circunstancias las que nos fuerzan a crecer, a renovarnos y hasta nos convierte en mejores personas.

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Creciendo en las crisis

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INGREDIENTES

  • 1 Taza de Aceptación
  • 1 Taza de Comprensión
  • ½ Litro de Fortaleza
  • 1 Sobre de Tranquilidad
  • 2 Cucharadas de Fe
  • 1 Manojo de Adaptación
  • Mantener la perspectiva constantemente

RECOMENDACIÓN DEL CHEF

MODO DE PREPARACIÓN

  1. Cuando nos enfrentamos con momentos de adversidad o desastres, podemos elegir vivir, crecer y fortalecer nuestros valores o podemos elegir hundirnos, deprimirnos y hacer una verdadera tragedia de lo que en un principio ya es difícil. Cuando uno sabe que la vida es lo más preciado que se tiene, entonces uno es capaz de luchar, venciendo cualquier obstáculo que se presente. Admitir de que somos vulnerables, aceptar que la vida no siempre es un platillo dulce y fácil de digerir es poder ver con claridad y madurez. Si se le agrega confianza y fe enfocándose en aspectos más positivos es más fácil digerir un platillo amargo y descubrir que es posible ganar mucho más de lo que se espera de estas circunstancias.
  2. Son los momentos de crisis los que nos obligan a cambiar. El ingrediente principal para poder cambiar es la aceptación, admitir que la situación que se está viviendo es difícil, dolorosa, que no todo lo que pasa se encuentra en nuestras manos y que hay veces que nunca vamos a entender por qué ciertas cosas suceden. Es imposible tener una vida sin dolor, problemas y preocupaciones, por lo que es necesario tener siempre la capacidad de adaptarnos a los cambios inevitables.
  3. Al sobrevivir exitosamente una crisis, se adquiere confianza, seguridad y se aprende a ver un cuadro más completo de la vida. Poder compensar el dolor y la adversidad manteniendo siempre la perspectiva, ayuda a sobrellevar el sufrimiento y enriquece la vida ordinaria. Uno se vuelve más tolerante, más sabio y más fuerte; alguien que ni uno mismo se imaginó que podía llegar a ser.