La defensa de los obispos estadounidenses a los inmigrantes es “una orgullosa tradición moral”

Importante alocución del arzobispo de Miami en el Immigration Partnership and Coalition Fund

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El pasado 18 de noviembre se volvió a abrir, furtivamente, la puerta del muro que divide San Diego, California (Estados Unidos) y Tijuana, Baja California (México). Las imágenes de una madre –seleccionada para el efecto– abrazando a su hijo, vigilada por la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, no necesitan palabras.

Por ello, el arzobispo de Miami, Thomas G. Wenski, uno de los prelados más activos en cuestión de defensa a los migrantes, en especial a los refugiados haitianos a quien se les podría retirar el TPS (programa transitorio de protección a centroamericanos y caribeños que huyen de los desastres naturales de sus países) ha dicho recientemente, que “reparar el sistema de inmigración no significa demonizar a los migrantes”.

Tierra de promesas y oportunidades
Según informa Rhina Guidos, del Catholic News Service (CNS), el arzobispo Wenski, sostuvo que las leyes deben cambiarse para arreglar el sistema de inmigración que está “roto” en el país, pero que en el proceso, los inmigrantes no deberían ser calificados como criminales.

“Reparar la inmigración ilegal no requiere la demonización de los llamados ‘ilegales’”, dijo el arzobispo Wenski, dirigiéndose a una audiencia en un encuentro del 28 de noviembre pasado en Miami (Florida), patrocinado por Immigration Partnership and Coalition Fund.

“Estados Unidos siempre ha sido una tierra de promesas y oportunidades para aquellos dispuestos a trabajar duro. Podemos proporcionar seguridad nacional y fronteras seguras sin hacer que Estados Unidos, una nación de inmigrantes, sea menos una tierra de promisión u oportunidad para los inmigrantes”, dijo Wenski en su conferencia, reproducida por el sitio web de la arquidiócesis de Miami.

Las leyes, subrayó, están “destinadas a beneficiar, no a esclavizar, a la humanidad”, y las leyes en Estados Unidos, con respecto a la inmigración, son demasiado “anticuadas” e “inadecuadas” para abordar el problema. “Las leyes obsoletas, mal adaptadas a la creciente interdependencia de nuestro mundo y la globalización del trabajo, son malas leyes”, dijo el arzobispo.

Sistema quebrado y obsoleto
Más adelante, señaló que los cambios propuestos, o leyes, deberían considerar la dignidad humana y el interés nacional, pues, de lo contrario, “las leyes malas serán reemplazadas por otras peores”.

Hay que recordar que los obispos de Estados Unidos han estado especialmente duros con respecto al marco regulatorio que impera en el país. Contra un sistema “quebrado y obsoleto” como el que ha venido imperado en la nación americana desde hace un par de décadas, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), aboga por una reforma migratoria integral, que incluya, como prioridad, los derechos humanos de los migrantes y de sus familias.

Acudiendo a ejemplos históricos de personas y grupos que se han opuesto a leyes que no promueven el bien común –como el caso de Rose Parks, emblema de la lucha contra la segregación racial—el arzobispo Wenski señaló que hay leyes que “pueden sancionar legalmente a una clase inferior” y que Estados Unidos “no debería tolerar el surgimiento de una nueva clase inferior (…) compuesta de trabajadores indocumentados”.

El prelado se pronunció, en este importante foro de Miami, contra de una “legislación restrictiva”, centrada únicamente en la aplicación de la ley, como pareciera estar sucediendo ahora mismo en la Unión Americana, con la maquinaria de deportaciones echada a andar por la administración Obama y elevada a rango de prioridad nacional por la administración Trump.

La mejor opción
Este tipo de aplicación de la ley, dijo el arzobispo Wenski, “solo empeorará las cosas”. Luego agregó que el tiempo y el dinero gastado en la vigilancia fronteriza durante las últimas dos décadas no ha detenido el problema, sino que “la inmigración ilegal aumentó porque el mercado laboral exigía trabajadores dispuestos y capacitados”. Esto aumentó la explotación de los inmigrantes, y al mismo tiempo, alimentó el crecimiento de la economía estadounidense.

Por ello, dijo, “la mejor opción” es que las empresas y la economía se beneficien de una fuerza laboral confiable y legal. “La reforma migratoria integral legalizaría a aquellos que ya trabajan en los Estados Unidos sin la documentación adecuada, cubriría las necesidades laborales de la industria y les permitiría a los agentes fronterizos perseguir a los verdaderos criminales, en lugar de perseguir a los migrantes económicos”.

Pero algunos, clamó el arzobispo Wenski, sin señalar nombres específicos, “están demasiado decididos” a llamar la atención sobre el estatus de los inmigrantes a los medios de comunicación y a sus votantes, con insultos y con demonizaciones, incluso etiquetándolos como “infractores de la ley” y equiparándolos con terroristas “con la intención de lastimarlos”.

En su importante alocución, el arzobispo Wenski, sin duda llevando el tema prioritario de la USCCB a este foro, expresó el centro de la cuestión subrayando que los inmigrantes –incluidos los niños que llegaron al país ilegalmente y que podrían quedar sin la protección legal del DACA (el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia)—“solo piden la oportunidad de volverse legales: salir de las sombras donde viven, por temor a que llamen a su puerta en la oscuridad de la noche o a una redada de inmigración en su lugar de trabajo”.

Oportunidad de comenzar
Para Wenski estos migrantes, muchos de ellos conocidos como “Dreamers”, no están, bajo ningún concepto, violando la ley de los Estados Unidos, sino que están siendo “quebrantados por la ley”. Esta ha sido la norma de la USCCB que a muchos no ha gustado, pero, dijo el arzobispo Wenski, la defensa de los obispos católicos de los “ilegales” es, en ese país, “una orgullosa tradición moral”.

El Congreso de Estados Unidos, por petición del presidente Trump, tiene en sus manos la posibilidad de reformar las leyes migratorias (en especial con el DACA y el TPS) para que el sistema funcione, haya una vía a la ciudadanía de quienes trabajan en Estados Unidos honestamente y se refuerce la seguridad en las fronteras.
Esta coyuntura “sería un buen lugar para comenzar”, dijo el arzobispo Wenski, y remató señalando que, si el Congreso construye una reforma migratoria integral, “al menos podría mostrar que el cielo no se derrumbará si se aprueba alguna legislación esclarecida”.

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