Vasos de Barro

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Isaías 64:8 Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro Padre; nosotros BARRO, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros.

Todos sabemos que de acuerdo a la palabra en  Génesis 2:7  que Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra  y que sopló aliento de vida y puso espíritu en él,  por esta razón podemos afirmar que el hombre es tripartito y que consta de tres partes:  el espíritu, el alma y el cuerpo.

COMPOSICION DEL HOMBRE

El espíritu es la parte por medio de la cual el hombre puede contactar a Dios, y este espíritu tiene como fin adorar a Dios .

El alma  se produjo al combinarse el espíritu humano con el cuerpo humano,  y  está compuesta de tres partes:  la mente,  la emoción y  la voluntad , estas  tres conforman y constituyen el yo,  es decir la personalidad del ser humano y es precisamente en esta parte donde se encontramos también la conciencia psicológica.

El cuerpo es entonces la parte que tiene contacto con el mundo exterior a través de los  sentidos.

Si nos enfocamos en el hecho de que fuimos formados del  barro, significa que nuestra naturaleza humana caída es frágil y delicada  tal como los recipientes de barro lo son y es por esta misma razón que Pablo menciona en sus escritos las limitaciones humanas.

2da de Corintios 4:8-9

que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;perseguidos, más no desamparados; derribados, mas no destruidos;

En este versículo apreciamos que se hacen patentes las palabras que usamos cuando nos enfrentamos a situaciones que nos sobrepasan, tales como tribulaciones, amarguras,  apuros, persecuciones, enfermedades, debilidades y toda clase de  miserias humanas.

El propósito de Dios, al crearnos de esta forma, era que contuviésemos un tesoro inigualable de gran valor, ese tesoro es su hijo amado Cristo viviendo en nuestras vidas. Esto es una realidad  que nadie puede quitar ni cambiar, ¡Él es el tesoro! y nosotros somos los recipientes, el vaso de barro.

2da Corintios 4:7

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.

En la antigüedad los retos para los cristianos eran diferentes, ellos luchaban por preservar  su vida física en circunstancias de peligro, en la actualidad se necesita de este mismo poder para aspectos tan sencillos como diferenciar entre lo que es correcto y lo que es incorrecto.  Los valores, la ética y la integridad del hombre se han diluido de forma gradual y sutil,  no podemos discernir lo malo de lo bueno.

Necesitamos de este poder para educar a una familia que ame a Dios a contracorriente, necesitamos de un poder excelente para poder vencer la tentación de la exaltación al yo a la que que somos expuestos y tentados todos los días.

Nos hemos convertido en la civilización del espectáculo, somos  una sociedad exhibicionista y sin valores.

El Señor Jesús resistió la tentación de exhibirse como hijo de Dios en las escrituras.  El Señor constantemente fue tentado a hacerlo:  “si eres hijo de Dios”  haz, manifiéstate, exhíbete para que podamos entonces adorarte.

Dentro de nosotros hay un poder que nos capacita, es una fuente divina que nos da la provisión para vivir el estándar de una vida cristiana apropiada, una vida que además es poderosa y nos eleva por encima de cualquier situación sin importar lo difícil que esta sea.

El resplandor de Cristo en nuestros corazones,  es nuestro tesoro, y este resplandor llegar ser Cristo como nuestra vida y nuestro todo.

Por un lado este vaso de barro contiene las virtudes aromáticas de Cristo y esparce el grato olor a otros y por otro es probable que absorba suciedad . Tal vez los demás solo vean la suciedad acumulada de nuestra humanidad caída.

Si  nosotros vemos el valor del tesoro que llevamos dentro y lo comparamos con el poco valor del barro que somos , tal vez nos desanimemos , y hasta  lleguemos a dudar del tesoro que hay dentro de nosotros.

No mire su escasez,  para que no caiga en desanimo, dese cuenta de que la obra transformadora del espíritu es llevada a cabo  de una manera muy fina, en nuestro diario vivir estamos siendo conformados a la imagen de  El Hijo, a  la imagen del varón perfecto, a el prototipo del nuevo hombre.

El anhelo de  Dios es recuperar en nosotros la imagen y semejanza con él mismo, tal como lo planeo  desde el principio de la creacion  y es por medio de éste poder excelente  instalado en nuestro ser como el tesoro,  que lleva a cabo y cumple  su propósito en nuestra vida.

 

 

 

 

 

 

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