Los obispos católicos de EEUU escogen por primera vez a un inmigrante mexicano como su líder

El arzobispo José Gómez, nacido en Monterrey, fue elegido este martes presidente de la Conferencia de Obispos de EEUU, en lo que muchos interpretan como un mensaje que envía la iglesia católica al gobierno federal y sus restricitvas políticas de la inmigración.

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Un inmigrante mexicano, ciudadano naturalizado y feroz defensor de los inmigrantes. El arzobispo José Gómez fue elegido este martes presidente de la Conferencia de Obispos de EEUU, en lo que muchos interpretan como un importante mensaje político que envía la Iglesia católica en tiempos en los que desde el gobierno federal se promueven políticas restrictivitas a la inmigración.

Gómez obtuvo 176 votos a favor contra 18 del segundo lugar en el proceso de selección que se realizó en Baltimore, Maryland. Se trata de un ascenso natural para Gómez, quien era el segundo en la organización durante la presidencia del cardenal de Galvestón-Houston, Daniel DiNardo.

Nacido en Monterrey, México, Gómez se hizo parte del Opus Dei en 1978. En 1987 se estableció en San Antonio, Texas, donde tenía familiares. En 2001 fue nombrado obispo por el papa Juan Pablo II y se hizo auxiliar del obispo de Denver. Posteriormente regresó a la arquidiócesis de San Antonio, hasta que en 2010 fue trasladado a la de Los Ángeles, la mayor del país.

El obispo de 67 años es natural de México y se convirtió en ciudadano estadounidense, por lo que es el primer hispano en presidir la conferencia estadounidense. Aunque quienes le conocen afirman que es de carácter tranquilo, es un feroz defensor de los derechos de los inmigrantes e incluso escribió un libro sobre el tema en 2013.

“Es un tiempo excitante tener a un líder hispano a la cabeza. Él ha sido uno de nuestros portavoces más expresivos sobre la situación que enfrentan los inmigrantes, y esa situación no va a desaparecer pronto. Necesitamos su claridad”, afirmó el arzobispo de Oklahoma City Paul Coakley.

El arzobispo de San Antonio, Gustavo García-Siller, amigo de Gómez y otro alto prelado de la jerarquía católica estadounidense, aseguró que el nuevo presidente de la conferencia “es un símbolo de la apertura de caminos para más católicos latinos”.

Sin embargo, García-Siller advirtió que la selección del cura, a quien conoce desde los años 90, no debería entenderse como un referéndum sobre las políticas del presidente Donald Trump por parte de la jerarquía católica.

Defensor de los inmigrantes

En julio de 2013 el obispo Gómez publicó un libro titulado “Inmigración y la siguiente América: renovando el alma de nuestra nación”, en el que defendió el aporte a los inmigrantes y pidió al Congreso la aprobación de una reforma migratoria justa. El religioso, un firme defensor de un camino a la ciudadanía para los millones de extranjeros sin papeles en el país, escribió, mostró una inmigración desde un punto de vista social, humano y espiritual según las enseñanzas de la Iglesia Católica.

«Mi temor es que, en nuestra ira y frustración, estamos perdiendo nuestro soporte y nuestra perspectiva”, indicó en el primer capítulo del libro. “Si me permiten decirlo como pastor: me preocupa que estamos perdiendo algo de nuestra alma nacional”, indicó en relación con el debate de la reforma migratoria que en ese entonces se lleva a cabo en el Congreso.Gómez citó en el libro la existencia en aquel entonces de al menos 5 millones de niños estadounidenses que crecen en hogares donde al menos uno de los padres es indocumentado, y que cerca del 80% de esos niños son “nacidos en este país».

«Decimos que estamos preocupados por los costos a largo plazo de la inmigración ilegal», analizó el arzobispo de Los Ángeles. «Si lo estamos, entonces deberíamos buscar cada posible forma de integrar a los indocumentados dentro de nuestra economía, de manera que no vengan a ser una subclase de gente dependiente».

A comienzos de junio de 2012, durante el debate de un proyecto de reforma migratoria en el Senado, Gómez urgió demócratas y republicanos a aprobar la propuesta y aseguró que “el resultado de este debate tendrá un impacto en el futuro de nuestra nación durante este siglo y más allá (…) Cada día en nuestras parroquias, en programas de servicios sociales, hospitales y escuelas somos testigos de las consecuencias humanas de un sistema migratorio fallido”.

El 27 de ese mes la Cámara Alta, con 68 votos a favor y 32 en contra, aprobó una amplia reforma migratoria, pero fue frenada por el liderazgo republicano de la Cámara de Representantes.Tanto la Iglesia Católica como otras denominaciones cristianas de Estados Unidos, han insistido al Congreso en una reforma migratoria básica que incluya:• Un camino a la ciudadanía para los 11 millones de personas indocumentadas en el país.

• La prioridad de la reunificación familiar en cualquier reforma migratoria.

• Proteger la integridad de nuestras fronteras y proteger el proceso de protecciones ante la ley para inmigrantes y sus familias.

• Mejorar protecciones a las leyes que protegen a los refugiados y asilados.

• Revisar las políticas económicas internacionales para abordar las causas de la inmigración no autorizada.