Caminemos sobre el mar

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    Muchos creyentes  estamos familiarizados con el relato bíblico en los evangelios del discípulo que caminó sobre las aguas.

    Algunos nos hemos preguntado porque motivo Pedro camino y luego empezó a hundirse, algunos hemos juzgado inclusive la falta de fe del discípulo, sin embargo es importante considerar que nosotros hemos reaccionado de esta manera muchas veces, hemos creído que podemos caminar encima de nuestro mar de tribulaciones y problemas pero luego llega el desánimo y falta de fe por lo que empezamos a hundirnos.

    El Señor Jesús quiso en esa prueba poner en evidencia que nosotros somos capaces de vencer cualquier reto o situación que se nos presente, pero de qué manera? Por lo regular oramos pidiendo a Dios que elimine nuestros problemas, pero no oramos para que podamos caminar encima de ellos.

    Analicemos ahora Mateo 14:22-33

    vs 22 En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.

    vs 23 Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.

    vs  24 Y ya la barca estaba en medio del mar, azotado por las olas; porque el viento era contrario.

    La barca representa un lugar seguro y los vientos contrarios representan toda situación de adversidad que azota nuestras vidas y que es contraria a nuestra supervivencia humana, que pueden ser amenazas de toda índole tanto físicas, psicológicas o tal vez económicas.

    vs 25  Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.

    La guardia romana observaba cuatro vigilias nocturnas de tres horas cada una, del ocaso al alba, la cuarta vigilia era la vigilia matutina que se extendía desde las tres hasta las seis de la mañana.

    El mejor tiempo para contactar al Señor es  siempre antes del amanecer, como podemos ver en algunas citas como el  Salmo 5:1-3

    Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.

    vs 26  Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.

    vs 27  Pero enseguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

    YO SOY está con nosotros, el creador del universo, el dueño de los cielos y la tierra, el que es, que era y que ha de venir, por lo tanto nuestro corazón no debe turbarse ni tener temor sino debemos aprender a esperar a que El todopoderoso nos hable.

    vs 28  Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

    vs 29  Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.

    Pedro descendió de la  barca y anduvo sobre el mar porque escucho con fe la palabra del Señor y  obedeció la voz de Jesús, puedo constatar que infinidad de ocasiones el Señor nos manda que seamos valientes y caminemos sin embargo el miedo siempre nos paraliza e impide que actuemos.

    vs 30  Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!

    Si nosotros estamos atentos a la voz del Señor y  obedecemos confiando plenamente en él, podremos vencer cualquier situación de adversidad que se presente en nuestra vida.

    Pedro empezó a hundirse porque dejo de mirar al Señor  y empezó a mirar sus circunstancias., en ese momento su fe se esfumó.

    Muchas veces la solución de nuestros problemas se demora y nos es difícil permanecer creyendo pero recordemos que Jesús  es el autor y perfeccionador de nuestra fe. (He 12:2)

    vs 31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

    Mientras seguimos al Señor  debemos andar por fe y no por vista  (2da Co 5:7).

    Simplemente debemos creer en la palabra del señor  y no dudar de ella.

    vs 32 Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.

    Este milagro no sólo testifica que el Señor es el soberano de los cielos y la tierra, sino que también se preocupa por las aflicciones que sus seguidores padecen al seguirle en el camino.

    Cuando el señor Jesús entra en nuestra barca el viento cesa.

    vs 33 Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

    Reconocer que el Señor Jesús  es el hijo de Dios, es reconocer su divinidad y es permitirle que él reine y gobierne nuestra vida para que pueda atender cualquier necesidad nuestra y él pueda sostenernos mientras pasamos por las aflicciones humanas,

    En medio de una situación tempestuosa no debemos orar  oraciones de ruego, al contrario debemos ejercer nuestra autoridad y decir: “Señor tu eres el gran YO SOY aquel que creó todas las cosas, el que gobierna los cielos y la tierra,  tú estás caminando sobre el mar, tu eres el Rey y tú tienes la autoridad sobre esta situación tempestuosa”.