Aunque chocante la palabra, el tema de la “infodemia” realmente está causando estragos en el ánimo de una sociedad mundial, que se supone desarrollada e informada. Así mismo los avances en materia de salud sobre todo emocional, hacen prever que buena parte de las personas cuentan con un grado aceptable de madurez y de conocimientos que les permitan enfrentar cualquier intento de manipulación para obtener de las masas el miedo, la subordinación o simples conductas dirigidas a ciertos cometidos planteados por quienes dirigen el mundo desde el ámbito de poder, bien sea político o financiero.

Aunque en un principio el tema de que éramos los viejos los que teníamos mayor riesgo de la infección “coronavirus” generó auténtico espanto, no solo en los señalados como víctimas sino también en hijos y nietos, que iniciaron un proceso  de aceptación de que ya era tiempo de dejar pasar a la muerte en pos de los abuelitos; algunos maduros y pensantes empezaron a investigar cual era el trasfondo del costo de pensiones, en cuanto que estos fondos sustentan derechos adquiridos hace décadas, disminuyen la bolsa de dinero público susceptible de aprovechar por los arribistas al poder sobre todo político  por lo cual las instancias globales propusieron o cuando menos aceptaron la salida o disminución de jubilados como una buena alternativa. Para fortuna de quienes ya vivimos en el séptimo u octavo piso, resultó que también padres jóvenes y aun hijos menores de edad, fueron alcanzados por el covid-19 y si bien esto ha incrementado el miedo o traspasado los corazones emocionales cual daga asesina de los progenitores y vástagos de quienes se han ido, lo cierto es que como reza por ahí un texto cristiano, aun siendo tragedias, estos males han servido para bien. ¿Cuál bien puede ser la ausencia de un ser querido? se puede preguntar. A veces la respuesta no es inmediata, pero hay indicios de que esta agresividad del virus planetario, ha recuperado ciertos equilibrios climáticos y zoológicos de la tierra, amén de que muchas familias han logrado integrarse de mejor manera en medio de la reclusión. ¿Por qué solo uno pocos pueden advertir, lo bueno en medio de las cosas malas?

Otro texto también conocido por los interesados en escudriñar las doctrinas espirituales –sobre todo las cristianas- es el que proclama que “son muchos los llamados pero muy pocos los escogidos” En términos de fe quien llama es justamente Dios, se dedica porque ama a su criatura, lo hace con paciencia, usando profetas, ángeles y por sobre todas las cosas a su unigénito, cuya misión primordial fue pagar lo que la humanidad debe,  porque “Dios no quiere la muerte del pecador sino que se arrepienta y viva” ¿Tenemos que lamentarnos haber acumulado dinero sin ton ni son? ¿Nuestro pecado es comer o beber con gula y no con medida? ¿Son más malos los ricos de los pobres? ¿Por qué tienen más fama los tiranos, autoritarios y violadores de recursos humanos que quienes ponen al servicio de la humanidad valores como las aptitudes para descubrir y componer al planeta mismo?

En el encierro, pocos –aunque sean muchos los llamados-  han ocupado parte de tiempo, para entren cómo es posible fabricar envases que sustituirían al plástico sobre todo en materia de empaques, para refrescos, crema, agua etc. ¿Sabía que hay investigadores ocupados en esto y que son pocas las instancias que les apoyan? Otros han buscado las alternativas para transformar la cascara del camarón- después de haberlo pelado y preparado para exportación al mundo- y muchos otros denominados desechos que al final del día contienen algún valor y son una gran alternativa para componer la contaminación de los océanos. ¿Qué ocurriría si los pocos que nos interesamos en estos temas trabajamos unidos para crear una verdadera fuerza regeneradora del planeta? ¿De qué depende que nuestra atención esté más centrada en saber cómo es que alguien va vengarse de los corruptos mantenidos en la impunidad? O en el otro extremo ¿con que mecanismo puede salvarse al culpable de ser castigado según las normas establecidas?

Ayuda a disminuir la frustración, el averiguar que ha llevado a la UNAM mexicana a estar en los rangos de calidad más altos del planeta o reconocer los adelantos científicos que han logrado maestros y alumnos del Instituto Politécnico Nacional de este país que con orgullo reconocemos como único. ¿Sabe cuántos concursos internacionales de física, matemáticas o lenguaje han ganado mexicanos alumnos de secundaria y preparatoria? ¿Conoce los antecedentes de fabricación de vacunas existentes en México antes del arranque de “genialidad” que cerró el organismo productor en nuestra geografía? ¿Ha platicado con sus hijos de la aportación mexicana en materia de exploración del universo más allá de los viajes a la estación espacial, la luna o marte?

Por supuesto que no estamos de acuerdo en cancelar la producción de riqueza, mucho menos en ensalzar a los pobre por el solo hecho de serlo y menos aún en imaginar que por la caridad permanente lograremos la superación integral de una población que rebasa los cien millones de habitantes; pero todos los confinados –burócratas, padres, madres, maestros y adultos en general- estamos en la posibilidad de poner nuestro granito de arena, para reivindicar el valor de una producción individual de especias o verduras en el jardín, el cambio de una propiedad solo turística a un terreno productor de alimentos –como huertas por ejemplo- el apoyo a quienes se inclinan por el estudio del derecho, la literatura, la administración de bienes y en la misma medida la indagatoria acerca de porque ahora los peces vuelven a los ríos, las águilas atrapan cazones, el daño que hace al cuerpo humano el atiborrarlo de químicos para cosas tan loables como vitaminas, evitar las crisis de diabetes, posponer los embarazos y como vemos en el horizonte darles a las farmacéuticas un nuevo filón de riqueza con el control de los virus. Ojalá esta semana, te ocupes de actividades menos frustrantes que estar sólo al tanto de las calamidades.

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Escritora, editorialista y columnista para diversos medios.

Ha sido también productora, directora y conductora de series radiofónicas.

Como abogada ha sido profesora, consultora jurídica para diversas empresas privadas e instituciones públicas.

Ha recibido diversos reconocimientos entre los que se encuentran:

Mujer del Año, Logia Masónica del Valle de México 27 de mayo de 1996.

Reconocimiento al héroe anónimo organizado por Fundación Azteca, Wall Mart y CEMEFI (junio 2000 y de 2003)

Candidata a diputado XXVII distrito (2006)