¿Y si los emprendedores dirigiesen las iglesias? Tres empresarios de éxito cuentan lo que cambiarían

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¿Podemos llamar a los grandes fundadores y evangelizadores de la historia «emprendedores»? San Junípero Serra, evangelizador de California, continuamente habla en sus cartas de sus «empresas», es decir, sus proyectos, esfuerzos, empeños, iniciativas. Llamar «emprendedor» a Ignacio de Loyola, o a Teresa de Ávila, parece adecuado. Y todos empezaron sus «empresas» a partir de un descontento: no les gustaba la situación que veían, querían cambiar las cosas. 

El padre James Mallon, autor de Una renovación divina (BAC) lo llama «un picor»: «primero te pica, luego rascas». O dicho de otra forma: si te disgusta lo mal que está la Iglesia, o la sociedad, actúa. Pero el emprendedor no solo es el que actúa, sino el que prueba algo nuevo porque lo viejo se ha comprobado que no basta.

Señor empresario, ¿qué cambiaría usted en la iglesia?
El periodista Peter Kerridge ha entrevistado a 8 empresarios cristianos, emprendedores en Inglaterra, en su libro “If Entrepreneurs run the Church” («Si los emprendedores llevaran la iglesia«). Ha difundido las ideas de tres de ellos en un artículo de la revista inglesa Premier Christianity (www.premierchristianity.com). Aunque el contexto del artículo es el de los ámbitos protestantes, mucho de lo que se comenta puede adaptarse también para entornos católicos.

«Está claro que las iglesias no son negocios y hay diferencias importantes, pero también hay similitudes«, puntualiza el artículo. «Pero si una empresa importante como Tesco [más de 2.500 tiendas minoristas] publicase una declaración afirmando que el 95% de la población del Reino Unido nunca visita sus tiendas, sus acciones se hundirían». La cifra del 95% es la de ingleses que este domingo (cualquier domingo dado) no acudirán a ninguna iglesia. 

La práctica religiosa en España es mucho más alta que en Inglaterra, con casi un 20% de españoles que acuden a la parroquia al menos un par de domingos al mes. Pero no es un gran consuelo: también en España son cifras bajas y peores aún entre la población joven.En ninguna provincia española se celebran actualmente más bodas católicas que bodas civiles, y en Cataluña apenas una de cada diez se celebra en la iglesia. Eso debería bastar para convencer a los cristianos de que repetir las mismas fórmulas ineficaces seguirá dando los mismos resultados decepcionantes. O, como dicen en Alcohólicos Anónimos: «si nada cambia, nada cambia». Es decir, si sigues pasando por el bar cada tarde y guardando alcohol en casa, seguirás enganchado a ese ritmo destructivo.

Presentar bien el Evangelio… cada uno su don
Una de las emprendedoras consultadas por Kerridge es Joanna Bicknell, que en 2004 puso en marcha la empresa Make Believe Ideas Ltd (www.makebelieveideas.com), que produce libros baratos de no ficción para niños, con unos 100 títulos al año.

«No presentamos bien el Evangelio, no presentamos esta verdad increíble de forma creíble o profesional. Nos falta mucha credibilidad en términos de como se ve la iglesia», explica Joanna Bicknell.

Un error cotidiano es que «en la iglesia, como somos todos cristianos y queremos ser majos con las personas, dejamos que gente bienintencionada haga el trabajo equivocado,y así le hacemos mal servicio a Dios». Bicknell tiene claro que «todos tenemos dones» pero «lo que he aprendido dirigiendo una empresa es que muy pocas personas saben cuáles son sus verdaderos dones«. Un líder o responsable ha de poder poner a rendir esos talentos de la gente sin herir a nadie.

Es muy raro que un clérigo sea a la vez un buen predicador, un buen pastor, un buen evangelizador… Pero muchas funciones de acompañamiento o gestión pueden hacerlas laicos con esos dones. «Lo que yo quiero de mi líder es que sea alguien que escuche a Dios y que dé la dirección general a todo el equipo dirigente».

Bicknell señala además que el lenguaje eclesial ya no es comprensible. «¿Qué significa ‘salvación’?», pone como ejemplo.

La falta de unidad daña la evangelización
Kerridge consulta también al barón Bob Edmiston, millonario dueño de IM Group e IM Properties. Fundó una organización caritativa evangélica en 1988 y patrocina tres escuelas de secundaria, que sigue de cerca.

«No conozco negocios que tengan más de 300 años, pero la Iglesia tiene 2.000», dice Edmiston. «De una forma curiosa, Dios ha conseguido lo que ningún otro negocio«.

Edmiston señala que el gran jefe de la empresa es Dios, pero es un jefe invisible. «Puedes hablarle y a veces te responde, pero muy a menudo delega en nosotros y al menos algunos de nosotros interpretamos mal sus instrucciones».

Otros problemas que ve en las iglesias es que hay personas que quieren servir en ellas no por amor a Dios, sino por ambición humana, personal.

Otro problema serio está en «los esfuerzos duplicados, con denominaciones e iglesias individuales que no trabajan juntas». O el síndrome de «si no lo hemos inventado aquí, en este grupo no lo queremos». Y los casos en que un grupo misionero choca con otro. «El demonio hace un gran trabajo al dividirnos«, lamenta.

Menos edificios, pero que evangelicen
Otro de los emprendedores consultados es Ray George, que empezó con una pequeña tienda de material de oficina y ahora cuenta con una gran empresa internacional dedicada a este tema, DMS (www.dmsoffice.co.uk).

George se centra en la logística: que haya menos parroquias pero que sean eficaces. «No estoy de acuerdo con que un clérigo tenga que cuidar cinco parroquias. ¿Cómo se hace eso? Es imposible. Y esas parroquias no crecerán, morirán igualmente. Quizá deberíamos elegir la más fuerte de esas cinco, cerrar las otras cuatro y servir en esa, que responda a las necesidades del área», dice, tajante.

Sobre los líderes eclesiales, lamenta que muchos están enganchados a las viejas formas de funcionar y que no cambiarán. Tienen que llegar líderes nuevos. «La formación teológica es importante, pero la persona ha de tener visión, que es distinto a la tradición. Si nos quedamos con la tradición, moriremos».

También propone que los edificios eclesiales sean «cálidos y amigables. A veces son fríos, nada atractivos». Propone que haya espacios para tomar café, para que se junten jóvenes… «A mucha gente no le gusta ir a una iglesia, les da miedo», lamenta.

Sobre el liderazgo, anima a que los responsables trabajen como un equipo. «Deben trabajar juntos, rezar juntos, comer juntos y compartir el propósito. Cuando eso pase y cada uno esté en el área adecuada a sus dones, funcionará bien. Un buen líder no necesita poder personal. Debe tener la capacidad de colocar a la gente adecuada en el lugar adecuado y darles ánimos en esa tarea«.