“No estamos asustados, sino que nos sentimos fuertes y con esperanza. Sabemos que Él vendrá otra vez. Por eso hay tanto dolor y sufrimiento. Por eso hay persecución. Él viene y aquellos que no le conocen le necesitan en sus vidas. Por ahora, nosotros, sus seguidores, necesitamos vivir con corazones agradecidos y de oración” -cristiano de Afganistán.

Empiezo con estas palabras que recibimos un día de un hermano en Cristo en Afganistán porque no me gustaría que lo que vayas a leer ahora, como cristiano, te desmoralice y pienses que no hay esperanza para los cristianos afganos. Pero, dado que es sin duda una de las tierras más hostiles al Evangelio, me gustaría arrojar algo de luz sobre la terrible situación de los cristianos en Afganistán contestando a algunas preguntas como…

¿Cuál es la atmósfera religiosa en Afganistán?

Oficialmente no hay cristianos en Afganistán, o no debería haberlos en un país donde el 99% de la población es musulmana y el 1% restante lo compone básicamente las fuerzas militares internacionales, los diplomáticos y los cooperantes internacionales, los cuales solo pueden celebrar reuniones cristianas o de otras religiones dentro de los complejos militares estrictamente delimitados. A pesar de tener frontera con Irán, el 90% de los musulmanes afganos son suníes y solo el 10% chiíes.

En estos momentos, la situación de seguridad en Afganistán es extremadamente vulnerable ante los actos terroristas de rebeldes islamistas como algunas facciones del autoproclamado Estado Islámico. También está creciendo la presencia y la fuerza de grupos talibanes radicales, que en el último año se han extendido a más regiones y provincias, llegando a controlar más del 40% del país.

En cuanto a los cristianos afganos, todos ellos proceden de un trasfondo musulmán y deben esconder su fe o esconderse ellos mismos si quieren preservar la vida. Es muy difícil saber el número de cristianos. En Puertas Abiertas hablamos de unos “pocos de miles”, pero no queremos aventurarnos a hablar de una cifra exacta. Lo que sí sabemos con certeza es que todos nuestros hermanos en Cristo son vistos como traidores y apóstatas y, por tanto, merecedores de muerte. No podemos dar detalles en cuanto a incidentes específicos relacionados con cristianos clandestinos por razones de seguridad. El nivel de hostilidad contra los cristianos queda demostrado, no obstante, con el secuestro y asesinato en mayo del año pasado de una cooperante cristiana extranjera (alemana) que llevaba viviendo 13 años en Afganistán durante trece años.

 

¿De dónde viene el peligro para los cristianos?

En Afganistán, la persecución proviene de una mezcla de diversos factores, especialmente tres, que son lo que en Puertas Abiertas conocemos como “opresión islámica”, “antagonismo étnico” y “corrupción y crimen organizado”.

  1. La “opresión islámica” es aquella que procede de un contexto musulmán con una versión estricta y fundamentalista del islam. En la República Islámica de Afganistán, ninguno de sus ciudadanos puede convertirse al cristianismo y quienes lo hacen no los reconoce como tales. Pero el Estado no es el único agente de opresión islámica y, en realidad, la comunidad local y los familiares representan mayor peligro incluso que las autoridades oficiales.
  2. Entendemos “antagonismo étnico” como la hostilidad creada por diferentes grupos étnicos. En Afganistán, el concepto de nacionalismo es muy débil. La familia es lo primero, seguido del clan y de la tribu. Si alguien rechaza parte de su identidad familiar o étnica, como lo es el islam en gran medida, no se cansarán de presionar hasta que todo vuelva a su cauce tradicional. Si esto no ocurre, el “traidor” será excluido de la familia y de la comunidad. La cosa puede empeorar, y mucho, si la razón es la fe en Cristo ya que el cristianismo está considerado como la religión de Occidente y, por tanto, totalmente contraria a la cultura y la religión local.
  3. Corrupción y crimen organizado. La pobreza y la debilidad económica del país han provocado que el tráfico de drogas y sustancias ilegales como el opio sea más rentable que cualquier otro cultivo. Los agricultores pueden ganar hasta once veces más cultivando opio. En numerosas regiones, los traficantes ejercen presión y una aterradora influencia sobre la vida social, al tiempo que hacen incontrolables dichas regiones. Aunque en este caso los cristianos no son los únicos afectados, sí lo sufren de una forma especial ya que, al tener que esconder su fe y verse aislados, no pueden buscar ayuda en otras personas o colectivos.

 

¿Quiénes son los “justicieros”?

Como ya he mencionado, aunque el Estado también persigue a los cristianos, en la mayoría de los casos son las familias, los clanes y las tribus quienes deciden sobre el destino de un converso cuya nueva fe en Cristo ha sido descubierta. El veredicto suele ser el mismo: la muerte, como si no tuvieran otra forma de recuperar el “honor”. A veces, antes de llegar a tal extremo, se intenta persuadir a la persona a través de la tortura. Lo mismo puede ocurrir si el cristiano cae en manos de un grupo islamista o se convierte siendo parte de este.

 

¿Hay alguna esperanza para los cristianos de Afganistán?

Al igual que con Corea del Norte, desde Puertas Abiertas no queremos caer en el pesimismo cuando miramos a la situación de los cristianos en Afganistán. No queremos ni podemos porque, a pesar de lo terrible de la situación de nuestros hermanos en estos dos países, también vemos milagros y frutos. La iglesia clandestina crece en Afganistán. Hace veinte años apenas se conocía de ningún creyente en Afganistán. Hoy en día se cuentan por miles, lo cual ya es un milagro de por sí dada la extrema hostilidad hacia el Evangelio.

Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Estas palabras no son fáciles de digerir, pero quizá sean la respuesta de por qué en Afganistán la semilla del Evangelio sigue produciendo fruto.

Confiamos en que el Espíritu Santo camina al lado de nuestros hermanos, susurrándoles: “Yo estoy contigo”. Sabemos de casos en los que la familia entera se ha convertido al descubrir la fe de uno de sus miembros, pero ver al mismo tiempo el poder transformador y sanador de Dios en su vida. Esto compartió una vez un cristiano clandestino de Afganistán: “Tengo siete hijos. Uno de ellos no podía andar. Cuando traje el Nuevo Testamento a casa, mi hija empezó a moverse. ¡Empecé a leer la Biblia y empezó a andar!”. Esa debe ser nuestra oración y nuestra esperanza, que Dios se siga revelando de distintas formas y, aunque sea en la clandestinidad, haga crecer una iglesia fuerte, poderosa y transformadora en Afganistán.