Los cristianos de Israel, un reto para el Estado y la sociedad

El Centro de relaciones judeo-cristianas en Jerusalén pide comprensión entre las religiones

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Hana Bendcowsky es judía. Aunque su familia procede originariamente de Polonia, Hana creció en Israel —como comenta en una visita a la fundación católica internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada— «en el seno de una familia creyente, típicamente israelí, en una pequeña ciudad en el centro del país, donde uno no suele encontrarse más que judíos israelíes». Y continúa diciendo: «Como muchos otros judíos, sabía poco de otras religiones, pues eso sencillamente no está previsto en los planes de estudio».

Después de sus estudios secundarios, Hana estudió Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde también realizó un curso sobre el Nuevo Testamento. Dice Hana: «Quedé fascinada y quería saber más sobre el cristianismo». Cambió de estudios para dedicarse a Ciencias comparativas de las religiones. Pronto se dio cuenta de que los cristianos no solo vivían en la lejana Europa, sino también en su propia ciudad: «Para encontrarlos no tenía más que dirigirme al casco antiguo de Jerusalén».

Así lo hizo y descubrió algo sorprendente: «los cristianos árabes se consideraban una minoría entre musulmanes y judíos, mientras que los judíos se veían como una minoría entre cristianos y musulmanes». También se dio cuenta de que no solo en Palestina viven miles de cristianos; también en Israel ha crecido enormemente su número en los últimos dos decenios. Se trata de inmigrantes procedentes de la antigua Unión Soviética, sobre todo de Rusia, de India y de Filipinas, así como de África, principalmente de Eritrea. Muchos vienen buscando trabajo o son refugiados que piden asilo político. No pocos aprovechan las posibilidades que les brinda la denominada Ley de Retorno (Law of Return), que facilita también a no judíos con antepasados judíos o con un cónyuge judío el obtener la nacionalidad israelí.

Hana Bendcowsky es ahora Directora de programas en el Centro de relaciones judeo-cristianas en Jerusalén (JCJCR, Jerusalem Center for Jewish-Christian Relations), que —al igual que muchas otras iniciativas en Tierra Santa— cuenta con el apoyo de Ayuda a la Iglesia Necesitada. Hana Bendcowsky organiza periódicamente reuniones de judíos y cristianos, y también de musulmanes, así como cursos sobre el cristianismo para profesores, formadores del Ejército y otras personas multiplicadoras. Informa a los medios de comunicación israelíes y facilita conversaciones entre periodistas y representantes de las Iglesias cristianas en Israel y Palestina. El objetivo de JCJCR es trasmitir conocimientos sobre las religiones en Tierra Santa, para crear confianza entre las diferentes comunidades religiosas. «Solo así se puede conseguir la paz», subraya Hana Bendcowsky.

Según comenta, con la fuerte inmigración de cristianos, Israel se ve enfrentada a retos completamente nuevos: «Viven sobre todo en Tel Aviv, están bien organizados, en parte disponen de sacerdotes propios, tienen una activa vida eclesial… y hablan hebreo». Sin embargo, sobre todo entre los refugiados hay muchos que no tienen permiso de trabajo, por lo que su status jurídico es incierto, según dice la Directora de programas del JCJCR. Calcula que los inmigrantes cristianos procedentes de Eritrea que han encontrado una nueva patria en Israel son unos 50.000, a los que —según sus estimaciones— hay que añadir otros 10.000 neo-israelíes procedentes de otros países africanos. Hana Bendcowsky declara: «Israel tiene que ocuparse de esos nuevos ciudadanos, que quieren quedarse, pero también conservar su fe. Se trata de una situación nueva y complicada, sobre la que queremos llamar la atención de los ciudadanos de Israel, porque esas personas necesitan soluciones».