Por medio de una guía pedagógica, la Iglesia Católica en Colombia expresó de manera radical su postura con respecto a la eutanasia, así como al derecho a morir dignamente.

El documento, emitido por la Conferencia Episcopal, que además cuenta con un manifiesto en el que las personas pueden expresar su decisión de no aplicarse la eutanasia bajo ningún motivo, se titula La vida humana, entre alegrías y adversidades: un don para agradecer’.

En este, la Iglesia sostiene la necesidad de mantener la vida de las personas, incluso en situaciones de enfermedades incurables o degenerativas, y aceptar el sufrimiento como parte de la vida.

“Muchos se preguntan hoy en día si acaso el sufrimiento no sea algo ‘inhumano’ que deba evitarse a toda costa. La Iglesia enseña a sus hijos a descubrir en el dolor una ocasión para madurar, para concentrarse en lo verdaderamente esencial, para reconocer que somos seres limitados y que, por ello, hemos de ver en cada circunstancia una oportunidad para ser más humanos. Asumir el dolor físico o moral, en lugar de renegar por él, nos hace ‘otros Cristos’ predicando el ‘evangelio del sufrimiento’ “.

Para la Conferencia, la vida es sagrada y debe ser cuidada y asistida hasta el último momento, siendo así la muerte natural el significado más “genuino” de una muerte digna.

Y es que, de acuerdo con la Iglesia, la muerte asistida en caso de enfermedad grave o degenerativa es parte de una visión materialista, en la que solo se mide el valor de una vida por su capacidad de hacer y producir.

En cambio, considera que “morir dignamente es morir naturalmente sin ser acosado por reflexiones tendenciosas que someten la dignidad a consideraciones económicas de gastos y que imponen la vida física activa sobre las dimensiones espirituales y relacionales”.

Otro argumento de la Conferencia contra esta práctica es que puede desencadenar otro tipo de conductas y visiones según las cuales las personas podrían atentar contra su vida en otras circunstancias: “Si el ejercicio de la libertad lleva a tomar decisiones en contra de la vida -por causas que pueden enfrentarse con opciones distintas a la muerte-, llegará el momento en el que se volverá más amplio el conjunto de quienes sientan la necesidad de dar fin a sus vidas por distintos motivos: del deseo del anciano al del niño, de la evitación del dolor físico a la del dolor moral, del recurso que presente el enfermo al que pueda presentar la persona sana”.

Para la Conferencia Episcopal, la vida es sagrada y debe ser cuidada y asistida hasta el último momento.

Finalmente, la Iglesia sostiene que “no es indiferente al dolor humano, sino que va al encuentro de los hombres y mujeres que sufren, particularmente por causa de las enfermedades físicas y mentales, para acompañar su dolor con la oración, el apoyo asistencial y diversas iniciativas de atención médica y espiritual para el cuidado del enfermo y de su entorno familiar”.

Ante estas declaraciones, varios defensores de la eutanasia se pronunciaron. Uno de ellos, Lucas Correa, Director de Investigaciones de DescLAB, quien también fue abogado de Martha Sepúlveda, señaló: “Lo que la Iglesia Católica llama de forma tendenciosa y falsa ‘cultura de la muerte’ corresponde realmente a una cultura de la libertad y la autonomía en el fin de la vida. La Iglesia le teme a que sus fieles tomen decisiones de manera libre y autónoma”.

“Sí es posible evitar el dolor y el sufrimiento. De hecho eso es lo que la ciencia y la tecnología nos ofrecen cada día. Cuando hablamos del derecho a morir dignamente, no hablamos de la obligación de acceder a la eutanasia, sino del derecho a elegir cómo y cuándo morir, qué sufrimiento no tener que padecer. Las personas, incluso las católicas, no están obligadas a vivir una enfermedad o una situación contraria a su concepción de calidad de vida”.