Nomadelfia es un interesante pueblo italiano, ubicado cerca de la localidad de Grosseto, unos 150 kilómetros al sur de Florencia. Su interés reside precisamente en su forma de vida: es una comunidad católica regida por normas basadas en valores cristianos y un estatus legal hecho a su medida. Tal como ellos explican en su página web, se trata de «un pequeño pueblo con una Constitución propia que se basa en el Evangelio para el Estado es una asociación civil; para la Iglesia es una parroquia y una asociación privada entre fieles».

Vista panorámica de Nomadelfia. / nomadelfia.it

«Nomadelfia es un pueblo comunitario, más que una comunidad. Tiene su historia, su cultura, su ley, su lenguaje, su costumbre de vida y su tradición. Es una población con todos sus componentes: hombres, mujeres, sacerdotes, familias e hijos», explican. Actualmente hay unas 300 personas viviendo en Nomadelfia, agrupadas en unas cincuenta familias. Esa pequeña población se organiza de forma similar a los kibutz, con su propio sistema de trabajo -predominantemente agrícola- y poniendo en común todo lo que se produce.

Un reportaje publicado al respecto, publicado recientemente por una persona que estuvo de visita en el pueblo, explica que «todos los bienes que hay en la comunidad son comunes y no funcionan con dinero. O al menos eso dicen, porque en el centro de visitantes te ofrecen hacer donativos y te venden sus libros que hay que pagar en euros de curso legal. Eso sí, los pocos que trabajan fuera del pueblo sí pueden ganar dinero pero sus beneficios luego recaen en la comunidad que es quien lo administra».

‘Maternidad virginal’ y crianza solidaria

En Nomadelfia viven en la actualidad unas cincuenta familias. Las hay de dos tipos, las familias surgidas de los matrimonios y las familias de «mamás por vocación». Las llamadas ‘mamás por vocación’ son, como se explica en los textos de la comunidad, «mujeres que renuncian al matrimonio para vivir una maternidad virginal y acoger y educar a menores abandonados como hijos verdaderos, para siempre».

nomadelfia.it

Uno de los principios fundamentales que rigen la comunidad es el de la paternidad y maternidad solidarias. Tal como ellos mismos lo explican, «todos los hombres y mujeres están obligados a ejercer la paternidad y la maternidad sobre todos los hijos, aún sobre aquellos que no pertenecen a su familia propia. Por lo tanto, deben tratarlos de igual forma e intervenir en la educación de todos según una línea pedagógica común, inspirada en el Evangelio».

La República Italiana concedió a Nomadelfia, en la década de los 70, el permiso para instaurar en el pueblo un sistema educativo propio, obligatorio hasta los 18 años y de marcada inspiración católica. En Nomadelfia no hay exámenes ni calificaciones, pero tienen la obligación de presentarse a los exámenes de la escuela obligatoria estatal. Los jovenes que deseen cursas estudios universitarios, tendrán que concurrir al llamado essame di maturitá (que da acceso a los estudios superiores) como el resto de los alumnos del país.

Un día de clase en Nomadelfia / nomadelfia.it

Una vez alcanzada la mayoría de edad, los hijos tienen la libertad de permanecer o de salir de la comunidad. En este caso, los adultos de la comunidad se comprometen a ayudarles a encontrar una forma para organizar su vida.

‘Ni siervo ni patrón’: su visión del trabajo

«Las empresas se administran fraternalmente y no se admite ninguna forma de explotación del hombre sobre el hombre», explican desde la comunidad. Según sus propias leyes, nadie cobra dinero, no existe la propiedad privada y tampoco una especialización laboral: todos están disponibles para cualquier trabajo. Además, los trabajos repetitivos o pesados se hacen juntos. Las jornadas laborales en Nomadelfia son de lunes a sábado, de 5 horas por las mañanas, tanto en las haciendas y talleres como en las escuelas y en las oficinas.

Una jornada de trabajo en Nomadelfia / nomadelfia.it

La mayoría de tareas se hacen por turnos rotativos, teniendo en cuenta las capacidades y la edad de cada persona.

Historia de la comunidad

La pequeña ciudad-comuna  fue fundada por el sacerdote Zeno Saltini, que nació en Fossoli en el año 1900 y murió 81 años más tarde en la cercana localidad de Grsseto. Aún es una figura de culto e inspiración en la vida de Nomadelfia. Durante la II Guerra Mundial, don Zeno, como aún le llaman los nomadelfios cariñosamente, trabajó para ayudar a niños abandonados, con la ayuda de algunas mujeres devotas (que ya entonces se llamaban ‘madres vocacionales’) y otros sacerdotes. Después de la guerra, ocupan el campo de prisioneros de Fossoli -que fue el primer asentamiento de Nomadelfia-, y redactan la primera Constitución de la comunidad.

Zeno Saltini (1900-1981), fundador de Nomadelfia / nomadelfia.it

Cuando el proyecto se da a conocer, acuden a la zona más niños abandonados o huérfanos de la guerra y se asientan allí una serie de familias que quieren llevar el estilo de vida de las primeras comunidades cristianas. En paralelo, empieza a gestarse allí un movimiento político llamado ‘Movimiento de la Fraternidad Humana’ basado en la idea de la democracia directa, que no es bien recibido ni por la clase política ni por las autoridades eclesiásticas de la época. Empiezan entonces las presiones para que Nomadelfia quede disuelta en el año 1952. El Santo Oficio obliga a Don Zeno a dejar Fossoli y es entonces cuando se ven obligados a desplazarse y ocupar los terrenos donde se encuentran ahora mismo.

Visita del Papa Juan Pablo II a la comunidad de Nomadelfia en 1989 / nomadelfia.it

El Papa Juan Pablo II hizo una visita oficial a Nomadelfia en mayo de 1989. Allí bautizó a un bebé y elogió el espíritu de fraternidad sobre el que se había levantado este «pueblo comunitario». En concreto, dijo que le recordaba «al ambiente descrito en los Hechos de los Apóstoles» y valoró positivamente la existencia de un lugar como Nomadelfia en un mundo «a veces hostil y alejado de la fe».

Hoy en día siguen funcionando a su estilo, y reciben visitas de viajeros y curiosos que desean asomarse a este exitoso experimento social católico que preserva dentro de sus fronteras la esencia del cristianismo entendido como un reino en el que la ley suprema es la fraternidad entre las personas.