La ONU declara el Año de la Sanidad Vegetal: la aportación de 2 científicos españoles y… católicos

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Naciones Unidas ha declarado el año 2020 como Año Internacional de la Sanidad Vegetal para concienciar a nivel mundial sobre cómo la protección de la salud de las plantas puede ayudar a erradicar el hambre, reducir la pobreza, proteger el medio ambiente e impulsar el desarrollo económico. El lema es ‘Proteger las plantas, proteger la vida’.

Mariano de la Paz Graells y Gonzalo Ceballos Fernández de Córdoba, dos científicos católicos españoles que trabajaron en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, expertos en entomología, la ciencia de los insectos,  hicieron eso mismo durante los siglos XIX y XX.

El primero de ellos es todo un mito, y además, probablemente el mayor naturalista español del siglo XIX.  Y es que Mariano de la Paz Graells (1809-1898) tiene una biografía muy estudiada, y espléndidamente recogida e ilustrada de forma resumida aquíMédico de formación, fue Catedrático de Anatomía Comparada, Zoografía y Taxidermia, así como director del Real Museo de Ciencias Naturales. No se dedica en ella una palabra a sus creencias religiosas: las tuvo, y muy arraigadas al catolicismo, como muchos otros científicos.

Iniciador de la entomología en España

La figura de Graells es enorme, mucho mayor que lo fueron sus patillas, a la moda francesa y denominadas Favoris, inconfundibles.  Graells fue el iniciador de la entomología en España, descubriendo especies nuevas de mariposas como la Graellsia isabelae, dedicada a la reina Isabel II, o siendo el primer científico que detectó la llegada de la filoxera a nuestras vides. Fue ésta una plaga que devastó el viñedo y contra la que Graells luchó todo lo que pudo. La plaga de la filoxera, un insecto (Dactylosphaera vitifoliae) ampelófago (comedor de vid) que llegó a Europa a través de Inglaterra y se introdujo en España por Málaga en 1878, acabó en 25 años con la mitad del viñedo español. Llegó a ser comisionado del Gobierno Español en los comités internacionales de lucha antifiloxérica. Recibió, entre otras condecoraciones, la Orden de la Legión de Honor, y fue miembro de numerosas academias y sociedades científicas internacionales. Sanidad vegetal pura y dura la que desarrolló Graells.

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Otra de sus actividades fue el estudio de la botánica. Desarrolló mucho la vertiente de las aplicaciones de la ciencia. Ocupó la primera cátedra de zoología madrileña tras el fallecimiento de su fundador, e inició la piscicultura, la ostricultura y el cultivo de mejillones, así como la aclimatación de especies foráneas de interés, algo que hizo en su periodo de responsable del Jardín Botánico  -donde todavía se conserva un invernadero de plantas construido por él- en el que publicó una de las primeras guías de divulgación y cultura científica escritas en España titulada Paseo instructivo y recreativo para todos, para visitar sus instalaciones.

La Creación y el Creador, muy presente en su pensamiento

Participó en la obtención del primer dagerrotipo hecho  en Madrid, o sea la primera fotografía, en 1839.  Y además de ser el director del Museo Nacional de Ciencias Naturales, fue Senador del Reino, Comendador de la Real Orden de Carlos III, Oficial de la Legión de Honor, Consejero Presidente del Real Consejo de Agricultura, Industria y Comercio. Alentó la famosa Expedición Científica al Pacífico, de la que formó parte destacada su discípulo Marcos Jiménez de la Espada.

Un libro recoge explícitamente alusiones a su fe católica. Estudió en los escolapios de Barcelona, como Cajal lo hiciera en los de Huesca: enseñanza religiosa católica que hoy es perseguida. Se hizo bachiller en filosofía y acabó estudiando Medicina. Su sensibilidad hacia los más débiles le llevó a escribir libros como Recursos que ofrecen a los pobres nuestras playas, diciendo al hablar del mar: “…imagen de lo infinito, poder de los poderes, abismos insondables, morada de los monstruos, testimonio del diluvio, sepultura abierta del género humano…desean saber dónde, con el sudor de su rostro pueda ganar el pan cotidiano que nos da el Señor todos los días, si procuramos buscarle honradamente en el grande almacén de la Naturaleza…”.

También escribió en la misma línea Recursos que ofrecen nuestros campos a los pobres, publicándolo en la revista agustiniana La Ciudad de Dios. Fue un admirador de los agustinos, fundadores de la actual Monasterio de San Lorenzo del Escorial – donde estudiarían José Castillejo y Manuel Azaña entre otros-  quienes han custodiado su magnífico herbario hasta nuestros días. Refiriéndose al cometido de su trabajo científico y a cómo éste es compatible con la fe diría: “los hombres positivos, los que no derivan, los que mejor saben respetar y apreciar tanto el poder del Creador como los verdaderos derechos del hombre…”.  La naturaleza que tanto estudió fue siempre para él una maravilla cuyos últimos secretos y sentido se encontraban ligados a Dios, siendo su trabajo el describirla como naturalista.

La unción, antes que el médico

Por respeto a sus convicciones religiosas, con la llegada del darwinismo sostuvo un fijismo moderado, en el que consideraba que los animales existentes eran los “ llamados a repoblar la Tierra…” tras el diluvio, frase ésta recogida en su Discurso de recepción a Miguel Colmeiro en la Real Academia de Ciencias. En su obra “Mastodolgía Ibérica” comenta: “La idea de considerar al ser humano como lo más perfecto de la creación, sería muy discutible si nos refiriéramos á las condiciones meramente morfológicas de la materia que nos constituye, porque la sabiduría infinita del Omnipotente concedió á cada tipo de criaturas toda la perfección necesaria para poder desempeñar cumplidamente las funciones indispensables que su peculiar existencia reclama… el hombre tiene que envidiar ciertas cualidades morales y adoptarlas, si desea ser considerado, con justicia, como el ente más perfecto de la creación”. Finalmente evolucionó hacia la admisión de las teorías de Darwin sin ningún problema de conciencia y sin la más mínima pérdida de su fe. Además, durante su colaboración con la Comisión para la formación del Mapa Geológico de la Provincia de Madrid y el General del Reino, desenterró del yacimiento Cerro de san Isidro de Madrid un mamut del género Elephas, que depositó en la Escuela de Minas, siendo así otro científico católico más que desarrolló la paleoantropología madrileña, como Vilanova, Aranzadi, Alcobé, Aguirre, Meléndez….todos ellos católicos practicantes.

Cuenta el biógrafo de Graells, el también naturalista entomólogo R. Agenjo, que hacia el 24 de enero había tenido una especie de ataque gripal, y desde aquella fecha no se encontraba bien. El 12 de febrero no salió de casa, y sus alumnos fueron a ella para dar clase…El 13 se despertó por la noche e hizo que su mujer se levantase, mandando avisar a su hija. Pidió la unción antes que el médico, confesó con el Padre Lozano, de los Agustinos del Beato Orozco… Murió con serenidad plena, como mueren los justos. Comendador de la Real y distinguida Orden Militar de Nuestro señor Jesucristo de Portugal y Caballero Hospitalario de San Juan de Jerusalén, su esquela en El Heraldo de Madrid recogía un anuncio del Cardenal de Santiago y otros prelados en el que se concedían 100 y 140 días de indulgencia por cada misa, sagrada comunión y rosario aplicados por el alma del difunto. El Padre Agustín J. Barreiro le dedicó honrosas palabras.

Gonzalo Ceballos, un luchador contra las plagas

Gonzalo Ceballos Fernández de Córdoba (1895-1967) fue un ingeniero de montes que desarrolló importantes aplicaciones de la entomología contra las plagas, directamente relacionado con la sanidad vegetal. Fue un católico convencido – lo atestiguan familiares directos y Ramón Ajenjo en su necrológica-que jamás apostató de sus convicciones cristianas, algo que en absoluto le impidió llegar a ser un referente en la investigación científica y en el mundo académico del siglo XX español.

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Se formó como científico especializado en entomología en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.  Se consideró discípulo de otro importante entomólogo también católico practicante, Jose Mª Dusmet. En 1934 ganó la Cátedra de Zoología y Entomología de la Escuela de Ingenieros de Montes de Madrid. Más tarde formó parte del Instituto José de Acosta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el que sería director fundador del Instituto Español de Entomología.  Publicó más de cien trabajos científicos y el libro ‘Elementos de entomología general’ que se reeditó en varias ocasiones. Participó activamente en la creación del Servicio Especial de Plagas Forestales, del Ministerio de Agricultura y dedicado a la sanidad vegetal. Fue durante algunos años Jefe de la Sección de Entomología del Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias.

Entre otros títulos fue doctor honoris causa por la Universidad de Breslau; académico correspondiente de la Real de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales desde 1933; académico de número de la misma desde 1962; vicepresidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; representante del Gobierno español ante la Organización Internacional de Lucha Biológica contra los Enemigos de los Cultivos; miembro de la Junta General Calificadora para la obtención del Título de Doctor Arquitecto o Doctor Ingeniero; Gran Cruz de Alfonso X el Sabio; Encomienda de la Orden del Mérito Agrícola, etc.

* Alfonso V. Carrascosa es científico del CSIC