Dijo el general argentino José de San Martín: La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.

Me encanta lo que escribe Landa Cope: “La esencia del gobierno reside en quién tiene autoridad para hacer algo, cuándo, dónde y de dónde proviene el poder para ejecutarlo”.

John Redekop, genera controversia diciendo que “la iglesia no puede permanecer fiel al llamado bíblico si gana poder político. La iglesia no emplea coacción, el Estado sí”.

Y si desean más incomodidad, lean a James Hunter en su libro Para cambiar el mundo.  Allí opina que “el mandato de la creación es tanto motivo de gloria como de vergüenza para la comunidad cristiana. Los cristianos en ocasiones, han sido la personificación misma de la manipulación, la crueldad y el maltrato”.

En el extraordinario estudio sobre corrupción hecho por Roberto Laver encontramos frases como “La justicia se relaciona con el ejercicio de la autoridad y el poder y decir que Dios es un Dios de justicia es una manera de decir que  a Dios le incumbe si aquellos que ejercen poder o autoridad sobre otras personas lo hacen de acuerdo a sus preceptos”.

Creo que todos los lectores estamos felices por ser testigos de un “despertar” en cuanto a la participación política efectiva de los evangélicos en nuestros países de América Latina.

Somos cada vez más los que asumimos este campo misionero como crucial para nuestro propósito en la vida. Son cada vez más importantes desde la perspectiva política los eventos convocados por el Congreso Iberoamericano por la Vida y la Familia, Parlamento y Fe, la Unión Iberoamericana de Legisladores Cristianos, el Concilio Global de Naciones, Red de Gobierno, etc., que estratégicamente, están uniendo esfuerzos y recursos para influenciar con políticos que representen lo más que se pueda los valores del Reino de Dios en el gobierno de nuestros pueblos.

Sin embargo, reflexiono sobre todo los que nos falta para entender la administración del poder. Esa capacidad de que alguien sea obedecido por su posición.

¿El poder corrompe? No lo creo. Pienso que el poder en sí no es malo, ni corrupto ni enfermo. Pero si cae en manos de quienes en nombre de Dios hacen lo que quieren, maltratan a sus seguidores, se aprovechan de su buena fe, toman posesión de sus voluntades y conciencias, claro que voy a decir que ese “poderoso hermano” es la versión siglo XXI de Torquemada.

La acción política, aún inmadura, que estamos llevando a cabo en América Latina está evidenciando cuán débiles somos los cristianos también en la administración de posición relevantes de liderazgo.

No somos tan buenos políticos como creemos. También hay abuso de autoridad, y en el peor de los casos, corrupción gubernamental.

De la misma manera que criticamos a los sacerdotes católicos que aparecen en las fotos bendiciendo los gobiernos dictatoriales de tiempos pasados, deberíamos avergonzarnos de evangélicos que desde el gobierno malograron su gestión con corrupción y abuso.

Somos tan ignorantes y orgullosos como la clase política que criticamos.

Tengo ideas para ayudarnos a controlar el poder que obtenemos:

  1. No olvidar que es Dios quien decide darnos esa porción de poder. Viene de Él y le pertenece a Él. Juan 19:11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba…
  2. Se espera una actitud de servicio desde la posición de poder. Marcos 10:43. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos
  3. Es evidente el mal ejercicio del poder. Mateo 20:25. Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.
  4. Dios se enoja con los que abusan del poder. Isaías 3:14. El Señor entra en juicio con los ancianos de su pueblo y con sus príncipes: Pues vosotros habéis devorado la viña, el despojo del pobre está en vuestras casas.
  5. El poder es para ayudar a los que necesitan, no para aprovecharse de ellos. Proverbios 3:27. No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo.

Finalizo mi escrito diciendo que HUMILDAD Y SERVICIO son las dos grandes características del cristiano que entiende muy bien el ejemplo de Jesús para su ministerio en el servicio público.

Además de la calidad de gestión, el pueblo cristiano llamado a la política puede y debe dejar un profundo legado de amor al prójimo y servicio a su nación a través de una madura actitud respecto del uso del poder político.

Recuerden la famosa frase: “Qué Dios y la Patria se lo demanden”.